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Un Faccioso Más y Algunos Frailes Menos

vea comido de gusanos que envidioso. Biendijo aquel gran pensador en el libro V del Emilio,
que la virtud quesólo se funda en las acciones es virtud falsa y postiza».
Por la noche se retiró a su casa lleno de congoja, por no poder yaaliviar con palabras y
ficciones la de su infeliz amiga. Esta acostó aJuanito Jacobo, que no había querido separarse de
ella y dormía junto asu cuarto; mandó a los criados que se acostaran también, y sola en sualcoba
estuvo rezando hasta muy avanzada la noche. Durmiose al fin en sulecho, y en sueños creyó
sentir desusado estrépito en la calle y en lacasa. Era una pesadilla. Parecíale que la casa se
hundía, o que unejército entraba en ella o que un gigante la hacía pedazos con su pesadopie.
Despertose sobresaltada. El corazón le palpitaba tanto que por lamucha viveza estuvo a punto de
producirse la inercia cardíaca y porconsiguiente el síncope. Pero al reconocerse bien despierta y
alobservar que continuaba el ruido, se incorporó en el lecho, pusoatención.... Se oían pasos en la
casa... tocaron suavemente a la puertade su alcoba... sonó una voz....
Sola saltó instintivamente 25 de su lecho. Empezó a vestirse a todaprisa.... No acertaba a
vestirse....
—Soy yo....
—Espera... un momento.... Espera que me vista....
Y a medio vestir corrió a la puerta y abrió a su esposo.
—Pero no te veo...—le dijo dejándose abrazar.
El criado se acercó con luz, a punto que él soltaba capa y sombrero.
Cuando D. Benigno llegó a la mañana siguiente, se quedó pasmado, yabsorto en la mitad del
pasillo al saber que el marido de la señoraestaba sano y salvo en Madrid y en su casa. El héroe
dio un gransuspiro. Mirando después al cielo, lanzó un piadoso apóstrofe y dijoasí:
—¡Barástolis! Por Dios trino y uno, por la Virgen del Sagrario, porRousseau, por mi vida
honrada y por mi conciencia de cristiano juro yrejuro que me alegro con toda el alma.
Cuando Salvador salió de su alcoba, abrazáronse estrechamente ambosseñores y juraron ser
amigos fieles en lo que les quedara de vida.Muchos conocidos visitaron al recién llegado, y
aquel mismo día tuvoéste ocasión de hacer una obra de caridad, mejor dicho, de aprobarla
ysancionarla, pues ya estaba hecha condicionalmente por su esposa. Solahabía cedido
gratuitamente la bohardilla de la casa a las señoras dePorreño, en quienes la rancia nobleza no
fue parte a poner un dique a lainvasora miseria. Muerto Fernando VII, faltoles la modesta
pensión quéeste les daba. Su dignidad no les permitía implorar la caridad pública.Su arreglo, las
distintas aptitudes de Doña María de la Paz lespermitían aspirar a sostenerse, aunque mal, de su
honrado trabajo. Solales ayudó en trances tan aflictivos, dándoles la casa y encargándoles nose
sabe cuanta obra de ropa blanca. La gratitud de las dos dignísimascuanto infelices damas era
extraordinaria. Doña Salomé bajó de punta enblanco a dar las gracias al generoso dueño de la
casa. Presentoseenvuelta en ajadísimos tafetanes, adornada de podridas pieles y
plumaspulverulentas. Con toda la finura y dignidad de su carácter, con toda lacortesía de su
educación y toda la tiesura de su embalsamado cuerpoexpresó sus sentimientos, diciendo que
aquel caso de liberalidad debíaagradecerse más en una época funesta ¡ay! en que habían
desaparecido,por completo los caballeros.
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