Not a member?     Existing members login below:
Holidays Offer
 

Un Faccioso Más y Algunos Frailes Menos

documentos, cartas elocuentes fechadas en elCarrascal, en la Amezcua, en la Borunda y en los
Alduides, curiosísimasnotas y apuntes. Con el humo que se levantó en la celda llenándola
toda,sintió picor en los ojos y salió como quien llora. El santo varón quisorevestir su fisonomía y
su persona de las apariencias de severidad yestoicismo que tan propias eran del momento, y
aunque la proximidad y elaullido de los asesinos hicieron palpitar de temor su corazón fuerte,
sesobrepuso a la angustia del momento y avanzó con paso seguro por lagalería.
Encomendándose mentalmente a Dios, hizo propósito firme de noperderse con una exhibición
imprudente ni envilecerse con cobarde fuga.A su lado pasó despavorido el Hermano Fermín
Barba, que huía de lossicarios. Gracián no se animó a seguirle ni se atrevió a detenerle.
Aturdido el infeliz Hermano, que había logrado ponerse a salvo de losprimeros perseguidores,
cayó en manos de otro grupo no menos feroz,mientras Gracián, sin salir de su paso acertó a
encontrarse junto a lapuerta que conducía al coro de la Iglesia. Entró.... Dos o tres,estancias
oscuras llenas de muebles viejos y de objetos de culto, deesos que bien podrían llamarse
decoraciones, tales como cortinas,escalinatas, templetes, pabellones, piezas de monumento, etc.,
separabanel coro del claustro alto. Los asesinos no habían penetrado aún allí.
Gracián llegó al coro, y arrodillándose junto a la barandilla, oró ensilencio, con las manos
sobre los hierros y la frente en las coyunturas.¿Se creía ya salvo y seguro? ¿Daba gracias o le
pedía misericordia? ¿Leofrecía su vida, aceptando gustoso su martirio, que ni buscaba ni
rehuíapara que fuese más meritorio? Imposible será sondear aquella alma enmomentos de tanta
turbación. Pero si la apariencia y el rostro, el gestoreposado y la lengua muda son señales de un
espíritu fuerte y sereno,Gracián tenía serenidad y fortaleza. O más bien sofocaba los estímulosde
ese instinto invencible que es quizás el sello de humanidad puesto alas criaturas, instinto que nos
encarece con elocuente modo las ventajasde vivir, contrapesando los alientos del espíritu,
ansioso a veces de lamuerte.
Así, cuando llegaron al coro, donde Gracián estaba solo con sufortaleza, los bramidos de la
plebe; cuando se oyó distintamente una vozque dijo por aquí; cuando las pisadas de los asesinos
sonaron en lasbaldosas mismas del coro, Gracián no abandonó su recogida postura. Fuepreciso,
para hacerlo mover, que una mano descortés y ensangrentada letocase en el hombro. Volvió la
cabeza, vio a Tablas con aires de capitánmatón, armado de pistolas y cuchillo.... Entonces el
hombre se sobrepusobruscamente al asceta. Dentro de Gracián estalló una mina deindignación.
No supo lo que hacía, y sus fuerzas hercúleas asumierontodas sus facultades, oscureciendo al
filósofo, al místico, al clérigo,para revelar el gigante.
En el coro había, junto al facistol grande, otro pequeño, perosuficientemente pesado para que
no lo levantase con facilidad un solohombre. Gracián lo cogió con formidable y rápido
movimiento. Parecía quearrancaba un árbol del suelo, y al levantarlo asemejose a San
Cristóbalapoyado en su palma. Estrépito de carcajadas acogió este movimiento.Fulminando ira
de sus ojos, Gracián gritó: ¡Canallas!... ¡Masones! yalzando el mueble apuntó a la cabeza del
capitán de la vil tropa....Pero en mitad de su movimiento fue herido en el costado con
golpecertero, instantáneo. Vaciló en el aire el facistol. El mueble y elcuerpo enorme del clérigo
cayeron de un golpe. Estremeciose el piso.Inmóviles y espantados los asesinos, contemplaron el
cuerpo a ladistancia del terror.
—Era el peor de todos—murmuró sordamente López, apartando sus ojos de avíctima.
Remove