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Un Faccioso Más y Algunos Frailes Menos

bobillo que ha puesto una pica enFlandes!... Yo llamo el bobillo a ese señor Zea, que es una
especie deministro embalsamado, como el Rey ha venido a ser un Rey de papelón.
—El Gobierno se cree fuerte, Sr. Carnicero, y parece decidido a echaruna losa sobre el partido
de D. Carlos. Mucho cuidado, amigo, que ahoraparece que tiran a dar.
—¡Oh! por mí no temo nada—manifestó D. Felicísimo con énfasis, echándoseatrás—. Pero
vamos a lo que urge. Ya sé a lo que viene usted hoy.
—A lo mismo que vine ayer.
—Y anteayer y el martes y el sábado pasado. Hoy no ha venido usted enbalde. Al fin, al fin....
—¿Llegó?
—Sí, sí, el Sr. D. Carlos Navarro, nuestro valiente amigo, llegóanteanoche de su excursión por
el reino de Navarra y por Álava yVizcaya. Es un guapo sujeto. Dice que en todo aquel religioso
país hastalas piedras tienen corazón para palpitar por D. Carlos, hasta lascalabazas echarán
manos para coger fusiles. Las campanas allí, cuandotocan a misa dicen «no más masones» y el
día en que haya guerra loshombres de aquella tierra serán capaces de conquistar a la
Europamientras las mujeres conquistan al resto de España.... Bueno, muybueno.... ¿Con que
usted desea ver a ese señor? Le prevengo a usted queestá oculto.
—No importa: sólo pienso hablarle de asuntos de familia. En el últimoverano estuvo en la
Granja pero no le pude ver, porque siempre se negó arecibirme. Ahora me será más fácil, porque
le escribirá usted dospalabras.
—Lo haré con mucho gusto; pero prevengo a usted también que el Sr. D.Carlos está enfermo
del hígado. Ya se ve ¡ha trabajado tanto! Es unincansable campeón de las buenas doctrinas.
Anoche se quejaba de atrocesdolores, y, cosa rara en hombre tan religioso, jí, jí, más invocaba
alos demonios que a la Santísima Virgen. Si quiere usted tener segura laentrevista que desea, se
lo diremos al padre Gracián, jesuita, excelentesujeto que viene aquí algunas tardes, y después
solemos ir a tomarchocolate a casa de Maroto, adonde va también el Padre Carasa.... Puesbien,
Gracián es amigo del Sr. D. Carlos, y ya hace tiempo que se hapropuesto reconciliarle con su
señora esposa.... ¡Oh! es un neblí paralas reconciliaciones ese buen padre Gracián.
—Le conozco. Es un digno sacerdote que tiene las mejores intenciones delmundo, y si no
consigue hacer feliz a la humanidad toda es porque Diosno quiere.... En conclusión, entiéndanse
usted y el Padre Gracián paraque yo pueda ver al Sr. Navarro y hablarle de un asunto que no
espolítico y sólo a él y a mí nos interesa. ¿Él vive...?
—No sé si debo decírselo a usted en este momento, antes de que el mismoSr. D. Carlos,
bellísima persona, jí, jí... antes de que el mismo Sr. D.Carlos Navarro de licencia para que usted
le vea. Ya lo arreglaré yo.Vuélvase mañana por esta su casa.
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