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Un Antiguo Rencor

Y salió. ¿Cómo sucedió que Herminia se levantase y dejando el emparrado se dirigiese hacia el
terraplén que daba sobre el camino en que había sido atropellado Mauricio? No es posible
explicárselo más que por uno de esos impulsos instintivos que son una especie de autosugestión.
Mauricio, deseando ver el sitio donde había rodado á los pies de los jinetes de Ville-d'Avray,
entró en la calle y se encontró en presencia de Herminia que le miraba desde lo alto del terraplén.
La saludó con política sonriendo amablemente. Herminia se puso tan turbada al verse cogida en
flagrante delito de curiosidad, que hizo un brusco movimiento y el bordado se escapó de sus
manos y vino á caer á los pies de Mauricio. La joven palideció de contrariedad y las lágrimas
acudieron á sus ojos, mientras Mauricio recogía la labor y se la ofrecía sencillamente á
Herminia, que hubiera querido que la tierra la tragase. Pensó un momento en huir por el jardín,
pero sus piernas se negaron á prestarle ese servicio y se vió obligada á poner buena cara, coger
su bordado y dar las gracias con voz tan débil como un suspiro, pero que pareció deliciosa al
joven. Éste saludó de nuevo y un poco animado, dijo:
—Tenga usted la bondad de dispensarme, señorita, si me permito dirigirle la palabra sin tener el
honor de conocerla....
Herminia tembló, pensando: "¿Qué va á preguntarme?"
El joven dijo sencillamente:
—¿Seré tan dichoso que esté hablando con alguna amiga ó pariente de la señorita Guichard?
Era preciso responder, so pena de pasar por una grosera.
—Soy su sobrina, balbuceó Herminia.
—¡Oh! Me alegro infinito! dijo él con calor. Usted podrá ser intérprete cerca de ella de mi
reconocimiento, en tanto que puedo expresárselo yo mismo....
Herminia, aterrorizada por la necesidad de sostener la conversación desde lo alto del terraplén,
contestó con las primeras palabras que vinieron á su mente y que, naturalmente, fueron las que
respondían mejor á sus íntimos sentimientos:
—¡Ah! señor, buen susto nos ha dado usted.... y fuimos muy dichosas cuando tuvimos certeza de
que no estaba usted gravemente herido.
Se interrumpió, se puso muy encarnada y permaneció delante de Mauricio, asombrada é inquieta
por haber hablado tanto. El joven la miraba con un placer manifiesto. Herminia estaba vestida
con un traje de batista muy clara y en el terraplén, sobre un fondo de follaje, coronado de
racimos, su silueta se dibujaba de un modo encantador para un artista. Mauricio vió en un
momento la composición de un cuadro y prolongando su sensación artística, examinó á su
gracioso modelo, detallando su fino cuerpo, sus hombros redondos, su cabeza orlada de cabellos
rubios que un rayo de sol hacía brillar como un nimbo de virgen. El pintor pensó: "Es bonita
como un ángel y tímida y adorable en su cortedad. Siento no poder pedirle que me deje sacar un
croquis, pero esto sería poco correcto." Se quitó el sombrero y dijo muy respetuosamente:
—Veo, señorita, que usted también ha tenido la bondad de interesarse por mí; reciba, por ello,
mi más vivo agradecimiento....
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