insensiblemente. Y ora evoque el despertar dela ciudad o los
vastos panoramas agrestes o los cuadros de
costumbrescamperas, siempre ajusta a su naturaleza el estilo.
Y ello en una forma ágil y fácil, siempre viva, animada
siempre. De ahíque el interés no decae un solo instante,
sostenido aquí por la ternura,allí por lo patético, allá por el
drama íntimo, acullá por un revuelolírico y en todas partes por
un perfecto acuerdo entre el mundo evocadoy la energía
evocadora.
Entre los juicios que esta obra mereció, cuando vio la luz
pública, seencuentra el siguiente, que expresa, con particular
acierto, el conceptoideológico y la finalidad moral a que
«Transfusión» responde:
«Rosario, julio 15 de 1908.—Señor Enrique de Vedia.—
Buenos Aires.—Midistinguido amigo: Su bella concepción
dramática, publicada en forma deromance, ha terminado de una
manera original y novedosa, dejándonos conganas.
Efectivamente, acostumbrados en este género de producciones a
quese aten todos los cabos para cerrar el ciclo de los
acontecimientosreferidos (artificio más que verdad), uno no se
resigna a que deje decontársele que Anastasio vino una noche a
matar a Melchor, por ejemplo;que Clota, desesperada, entró en
un convento; que los padres delprotagonista murieron en un
hospital porque éste les derrochó toda sufortuna, concluyendo él
