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Trafalgar

esforzado por sobreponerse a la edad cansada, y nopudiendo sostener la lucha, se dirigía a Dios
en busca de misericordia.Doña Francisca tenía razón.
Mi amo, desde hace muchos años, no servía más que para rezar.
Conforme a lo acordado nos trasbordamos. D. Rafael y Marcial, como losdemás oficiales
heridos, fueron bajados en brazos a una de las lanchas,con mucho trabajo, por robustos
marineros. Las fuertes olas estorbabanmucho esta operación; pero al fin se hizo, y las dos
embarcaciones sedirigieron al Rayo. La travesía de un navío a otro fuemalísima; mas, al fin,
aunque hubo momentos en que a mí me parecía quela embarcación iba a desaparecer para
siempre, llegamos al costado delRayo, y con muchísimo trabajo subimos la escala.
-XV-
«Hemos salido de Guatemala para entrar en Guatepeor—dijo Marcialcuando le pusieron sobre
cubierta—. Pero donde manda capitán no mandamarinero. A este condenado le pusieron Rayo
por mal nombre.Él dice que entrará en Cádiz antes de media noche, y yo digo que noentra.
Veremos a ver.
—¿Qué dice usted, Marcial, que no llegaremos?—pregunté con muchoafán.
—Usted, Sr. Gabrielito, no entiende de esto.
—Es que cuando mi señor D. Alonso y los oficiales del SantaAna creen que el Rayo entrará
esta noche, por fuerzatiene que entrar. Ellos que lo dicen, bien sabido se lo tendrán.
—Y tú no sabes, sardiniya, que esos señores de popa secandilean (se equivocan) más
fácilmente que nosotros losmarinos de combés. Si no, ahí tienes al jefe de toda la escuadra,Mr.
Corneta, que cargue el diablo con él. Ya ves como no hatenido ni tanto así de idea para mandar
la acción. ¿Piensastú que si Mr. Corneta hubiera hecho lo que yo decía sehubiera perdido la
batalla?
—¿Y usted cree que no llegaremos a Cádiz?
—Digo que este navío es más pesado que el mismo plomo, y ademástraicionero. Tiene mala
andadura, gobierna mal y parece que está cojo,tuerto y manco como yo, pues si le echan la caña
para aquí, él va paraallí».
En efecto: el Rayo, según opinión general, era un barco demalísimas condiciones marineras.
Pero a pesar de esto y de su avanzadaedad, que frisaba en los cincuenta y seis años, como se
hallaba en buenestado, no parecía correr peligro alguno, pues si el vendaval era cadavez mayor,
también el puerto estaba cerca. De todos modos, ¿no eralógico suponer que mayor peligro corría
el Santa Ana,desarbolado, sin timón, y obligado a marchar a remolque de una fragata?
Marcial fue puesto en el sollado, y Malespina en la cámara. Cuando ledejamos allí con los
demás oficiales heridos, escuché una voz quereconocí, aunque al punto no pude darme cuenta de
 
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