Not a member?     Existing members login below:

Trafalgar

acompañarles como paje oenfermero, ordenándome que no me apartase ni un instante de su
lado,hasta que no les dejase en Cádiz o en Vejer en poder de su familia. Medispuse a obedecer,
intenté persuadir a mi amo de que él también debíatransbordarse al Rayo por ser más seguro;
pero ni siquieraquiso oír tal proposición.
«La suerte—dijo—, me ha traído a este buque, y en él estaré hasta queDios decida si nos
salvamos o no. Álava está muy mal; la mayor parte dela oficialidad se halla herida, y aquí puedo
prestar algunos servicios.No soy de los que abandonan el peligro: al contrario, le busco desde
el21, y deseo encontrar ocasión de que mi presencia en la escuadra sea deprovecho. Si llegas
antes que yo, como espero, di a Paca que el buenmarino es esclavo de su patria, y que yo he
hecho muy bien en veniraquí, y que estoy muy contento de haber venido, y que no me pesa,
noseñor, no me pesa... al contrario... Dile que se alegrará cuando me vea,y que de seguro mis
compañeros me habrían echado de menos si no hubieravenido... ¿Cómo había de faltar? ¿No te
parece a ti que hice bien envenir?
—Pues es claro: ¿eso qué duda tiene?—respondí procurando calmar suagitación, la cual era
tan grande, que no le dejaba ver lainconveniencia de consultar con un mísero paje cuestión tan
grave.
—Veo que tú eres una persona razonable—añadió sintiéndose consoladocon mi aprobación—;
veo que tienes miras elevadas y patrióticas... PeroPaca no ve las cosas más que por el lado de su
egoísmo; y como tiene ungenio tan raro, y como se le ha metido en la cabeza que las escuadras
ylos cañones no sirven para nada, no puede comprender que yo... En fin...sé que se pondrá
furiosa cuando vuelva, pues... como no hemos ganado,dirá esto y lo otro... me volverá loco...
pero quiá... yo no le harécaso. ¿Qué te parece a ti? ¿No es verdad que no debo hacerla caso?
—Ya lo creo—contesté—. Usía ha hecho muy bien en venir: eso pruebaque es un valiente
marino.
—Pues vete con esas razones a Paca, y verás lo que te contesta—replicó él cada vez más
agitado—. En fin, dile que estoy bueno ysano, y que mi presencia aquí ha sido muy necesaria. La
verdad es que enel rescate del Santa Ana he tomado parte muy principal. Siyo no hubiera
apuntado tan bien aquellos cañones, quién sabe, quiénsabe... ¿Y qué crees tú? Aún puede que
haga algo más; aún puede ser quesi el viento nos es favorable, rescatemos mañana un par de
navíos... Sí,señor... Aquí estoy meditando cierto plan... Veremos, veremos... Con queadiós,
Gabrielillo. Cuidado con lo que le dices a Paca.
—No, no me olvidaré. Ya sabrá que si no es por usía no se represa elSanta Ana, y sabrá
también que puede ser que a lo mejor nostraiga a Cádiz dos docenas de navíos.
—Dos docenas, no, hombre—dijo—; eso es mucho. Dos navíos, o quizástres. En fin, yo creo
que he hecho muy bien en venir a la escuadra. Ellaestará furiosa y me volverá loco cuando
regrese; pero... yo creo, lorepito, que he hecho muy bien en embarcarme».
Dicho esto se apartó de mí. Un instante después le vi sentado en unrincón de la cámara.
Estaba rezando, y movía las cuentas del rosario conmucho disimulo, porque no quería que le
vieran ocupado en tan devotoejercicio. Yo presumí por sus últimas palabras que mi amo había
perdidoel seso, y viéndole rezar me hice cargo de la debilidad de su espíritu,que en vano se había
Remove