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Tradiciones Peruanas

—Es preciso que haya quien me vengue—díjose el
moribundo; y haciendovenir un escribano, dictó su testamento,
dejando a aquella arpía porheredera de su fortuna, con la
condición de que había de contraersegundas nupcias antes de
cumplirse los seis meses de su muerte, y de noverificarlo así, era
su voluntad que pasase la herencia a un hospital.
Mujer joven, no mal laminada, rica y autorizada para dar
prontoreemplazó al difunto—decían los moqueguanos—,¡qué
gangas detestamento! Y el dicho pasó a refrán.
Y el virrey encontró otras tres rondas, y los capitanes le dieron
lasbuenas noches, y le preguntaron si quería ser acompañado, y
sederritieron en cortesías, y le dejaron libre el paso.
Sonaron las dos, y el virrey, cansado del ejercicio, se retiraba
ya adormir, cuando le dió en la cara la luz del farolillo de la
quintaronda, cuyo capitán era don Juan Pedro Lostaunau.
—¡Alto! ¿Quien vive?
—Soy yo, don Juan Pedro, el virrey.
—No conozco al virrey en la calle después de las diez de la
noche. ¡Alcentro el vagabundo!
—Pero, señor capitán...
—¡¡Nada!! El bando es bando y ¡a la cárcel todo Cristo!
Al día siguiente quedaron destituidos de sus empleos los
cuatrocapitanes que, por respeto, no habían arrestado al virrey; y
los que losreemplazaron fueron bastante enérgicos para no
andarse encontemplaciones, poniendo, en breve, término a los
desórdenes.
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