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Tradiciones Peruanas

A principios del actual siglo existía en la Recolección de los
descalzosun octogenario de austera virtud y que vestía el hábito
de hermano lego.El pueblo, que amaba mucho al humilde
monje, conocíalo sólo con elnombre de el Resucitado. Y he aquí
la auténtica y sencilla tradiciónque sobre él ha llegado hasta
nosotros.
I
En el año de los tres sietes (número apocalíptico y famoso por
laimportancia de los sucesos que se realizaron en América)
presentóse undía en el hospital de San Andrés un hombre que
frisaba en los cuarentaagostos, pidiendo ser medicinado en el
santo asilo. Desde el primermomento los médicos opinaron que
la dolencia del enfermo era mortal, yle previnieron que alistase
el bagaje para pasar a mundo mejor.
Sin inmutarse oyó nuestro individuo el fatal dictamen, y
después derecibir los auxilios espirituales o de tener el práctico
a bordo, comodecía un marino, llamó a Gil Paz, ecónomo del
hospital, y díjole, sobrepoco más o menos:
—Hace quince años que vine de España, donde no dejo
deudos, pues soy unpobre expósito. Mi existencia en Indias ha
sido la del que honradamentebusca el pan por medio del trabajo;
pero con tan aviesa fortuna que todomi caudal, fruto de mil
privaciones y fatigas, apenas pasa de cien onzasde oro que
encontrará vuesa merced en un cincho que llevo al cuerpo.
Sicomo creen los físicos, y yo con ellos, su Divina Majestad es
servidallamarme a su presencia, lego a vuesamerced mi dinero
para que lo goce,pidiéndole únicamente que vista mi cadáver
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