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Tradiciones Peruanas

Ante tan franca confesión no quedaba al tribunal másque aplicar
la pena.
Evangelina puso en juego todo resorte para libertar a su
marido de unamuerte infamante; y en tal desconsuelo, llegó el
día designado para elsuplicio del criminal. Entonces la abnegada
y valerosa Evangelinaresolvió hacer, por amor al nombre de sus
hijos, un sacrificio sinejemplo.
Vestida de duelo se presentó en el salón de palacio en
momentos dehallarse el virrey conde de la Monclova en acuerdo
con los oidores, yexpuso: que don Fernando había asesinado al
marqués, amparado por laley; que ella era adúltera, y que,
sorprendida por el esposo, huyó desus iras, recibiendo su
cómplice justa muerte del ultrajado marido.
La frecuencia de las visitas del marqués a la casa de
Evangelina, elanillo de ésta como gaje de amor en la mano del
cadáver, las heridas porla espalda, la circunstancia de habérsele
hallado al muerto al pie dellecho de la señora, y otros pequeños
detalles eran motivos bastantespara que el virrey, dando crédito
a la revelación, mandase suspender lasentencia.
El juez de la causa se constituyó en la cárcel para que don
Fernandoratificara la declaración de su esposa. Mas apenas
terminó el escribanola lectura, cuando Vergara, presa de mil
encontrados sentimientos, lanzóuna espantosa carcajada.
¡El infeliz se había vuelto loco!
Pocos años después, la muerte cernía sus alas sobre el casto
lecho de lanoble esposa, y un austero sacerdote prodigaba a la
moribunda losconsuelos de la religión.
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