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Tradiciones Peruanas

¿Creerán ustedes que el pueblo se arremolinó para impedirlo?
Pues asícomo suena. ¡No faltaba más que deslucir la procesión
eliminando de ellaa la llorona!
El sagaz arzobispo se sonrió y, acatando la voluntad del
pueblo, mandóque siguiese su curso la procesión; pero en el año
siguiente prohibiócon toda entereza a los mercedarios semejante
profanación.
En cuanto a las plañidoras de entierros, ellas pelecharon por
algunosaños más.
Como se ve por este ligero cuadro, si había en Lima oficio
productivoera el de las lloronas. Pero vino la Patria con todo su
cortejo deimpiedades, y desde entonces da grima morirse; pues
lleva uno al mudarde barrio la certidumbre de que no lo han de
llorar en regla.
A las lloronas las hemos reemplazado con algo peor si cabe...,
con lasnecrologías de los periódicos.
Posible es que algunos de mis lectores hayan olvidado que el
área en quehoy está situada la estación del ferrocarril de Lima al
Callaoconstituyó en días no remotos la iglesia, convento y
hospital de laspadres juandedianos.
En los tiempos del virrey Avilés, es decir, a principios del
siglo,existía en el susodicho convento de San Juan de Dios un
lego ya entradoen años, conocido entre el pueblo con el apodo
de el padre Carapulcra,mote que le vino por los estragos que en
su rostro hiciera la viruela.
 
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