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Tradiciones Peruanas

Alguna quisquilla debió tener su excelencia con las limeñas
cuando endos ocasiones promulgó bando contra las tapadas; las
que, forzoso esdecirlo, hicieron con ellos papillotas y
tirabuzones. Legislar contralas mujeres ha sido y será siempre
sermón perdido.
Volvamos a la virreina, que dejamos moribunda en el lecho.
III
Un mes después se daba una gran fiesta en palacio en
celebración delrestablecimiento de doña Francisca.
La virtud febrífuga de la cascarilla quedaba descubierta.
Atacado de fiebres un indio de Loja llamado Pedro de Leyva
bebió, paracalmar los ardores de la sed, del agua de un remanso,
en cuyas orillascrecían algunos árboles de quina. Salvado así,
hizo la experiencia dedar de beber a otros enfermos del mismo
mal cántaros de agua, en los quedepositaba raíces de cascarilla.
Con su descubrimiento vino a Lima y locomunicó a un jesuíta,
el que, realizando la feliz curación de lavirreina, prestó a la
humanidad mayor servicio que el fraile que inventóla pólvora.
Los jesuítas guardaron por algunos años el secreto, y a ellos
acudíatodo el que era atacado de terciana. Por eso, durante
mucho tiempo, lospolvos de la corteza de quina se conocieron
con el nombre de polvos delos jesuítas.
El doctor Scrivener dice que un médico inglés, Mr. Talbot,
curó con laquinina al príncipe de Condé, al delfín, a Colbert y
otros personajes,vendiendo el secreto al gobierno francés por
una suma considerable y unapensión vitalicia.
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