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Tradiciones Peruanas

Supongo, lector, que tienes edad para haber conversado
concontemporáneos del virrey Pezuela, y que hablándote de una
hija de Eva,esforzada y varonil, les habrás oído esta frase: Es
mujer de asta yrejón.
¿Que sí has oído la frase? Pues entonces allá va el origen de
ella, talcual me ha sido referido por un descendiente de la
protagonista.
I
En una de las casas de la calle de Aparicio vivía por los años
de 1760la señora doña Feliciana Chaves de Mesía.
Era doña Feliciana lo que se llamaba una mujer muy de su
casa y que, apesar de ser rica hasta el punto de sacar al sol la
vajilla de platalabrada y los zurrones de pesos duros, no pensaba
en emperejilarse, sinoen aumentar su caudal. Dueña de una
hacienda en los valles próximos ala ciudad y de la panadería del
Serrano, tenía en el patio de su casados vastos almacenes donde
vendía por mayor harina, azúcar, aceite yotros artículos de
general consumo.
¡Qué tiempos aquéllos! En materia de trabajo nuestras abuelas
eran laromana del diablo, y cuando un hombre se casaba
encontraba en laconjunta, no sólo la costilla complementaria de
su individuo, sino unsocio mercantil que le ahorraba el gasto de
dependientes.
El marido de doña Feliciana hacía tres años que había ido a Ica
aestablecer una sucursal de la casa de Lima, quedándose la
señora alfrente de múltiples operaciones comerciales; y como si
Dios secomplaciera en echar su bendición sobre la trabajadora
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