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Tradiciones Peruanas

Por la mañana se acercó nuestro asustado religioso al
comendador de laorden y le refirió, sueño o realidad, lo que le
había pasado.
—Nada se pierde, hermano—contestó el superior—, con que
vea aGuruceta.
En efecto, mediodía era por filo cuando fray Antolín llegaba
almostrador del comerciante y le hacía el reclamo consabido.
Don Marcos sesubió al cerezo y díjole que era un fraile loco o
trapalón.
Retiróse mohino el comisionado; pero al llegar a la portería de
suconvento, salióle al encuentro un fraile en el cual reconoció a
frayVenancio.
—Y bien, hermano, ¿cómo te ha ido?
—Malísimamente, hermano—contestó el interpelado—.
Guruceta me hatratado de visionario y embaucador.
—¿Sí? Pues vuelve donde él y dile que, si no se allana a
pagarte, voyyo mismo dentro de cinco minutos por mi plata.
Fray Antolín regresó al portal, y al verlo don Marcos entrar
por lapuerta de la tienda, le dijo:
—¿Vuelve usted a fastidiarme?
—Nada de eso, señor Guruceta. Vengo a decirle que dentro de
pocosinstantes estará aquí fray Venancio en persona a
entenderse con usted.Yo me he adelantado a esperarlo.
Al oír estas palabras, y ante el aplomo con que fueron
dichas,experimentó Guruceta una conmoción extraña, y
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