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Tradiciones Peruanas

mano peluda de no sé qué calle, el perro negro de laplazuela de
San Pedro, la viudita del cementerio de la Concepción,
losduendes de Santa Catalina y demás paparruchas que nos
contaban lasabuelas, haciéndonos tiritar de miedo y rebujarnos
en la cama.
De buena gana querría dar hoy a mis lectores algo en que no
danzasenespíritus del otro barrio, aunque tuviera que echar
mano de la historiade los hijos de Noé, que fueron cinco, y se
llamaron Bran, Bren, Brin,Bron, Brun, como dicen las viejas.
Pero es el caso que una niña, muyguapa y muy devota a la vez,
me ha pedido que ponga en letras de moldeesta conseja, y ya
ven ustedes que no hay forma de esquivar elcompromiso.
¡Ay, que se quema! ¡Ay, que se abrasa
el ánima que está en pena!
era el estribillo con que el sacristán de la parroquia de San
Marcelopedía limosna para las benditas ánimas del purgatorio, a
lo cualcontestaba siempre algún chusco completando la
redondilla:
que
se
queme
en
hora
buena,
que yo me voy a mi casa.
I
El padre Venancio y el padre Antolín se querían tan
entrañablemente comodos hermanos, se entiende como dos
hermanos que saben quererse y noandan al morro por centavo
más o menos de la herencia.
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