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Tradiciones Peruanas

virtud de nogustar ni disgustar a medias, sino por entero. Llegar
a las aceitunasera también otra locución con que nuestros
abuelos expresaban que habíauno presentádose a los postres en
un convite, o presenciado sólo elfinal de una fiesta. Aceituna
zapatera llamaban a la oleosa que habíaperdido color y buen
sabor y que, por falta de jugo, empieza aencogerse. Así decían
por la mujer hermosa a quien los años o losachaques empiezan a
desmejorar:—Estás, hija, hecha una aceitunazapatera—.
Probablemente los cofrades de San Crispín no podían
consumirsino aceitunas de desecho.
Cuentan varios cronistas, y citaré entre ellos al padre Acosta,
que esel que más a la memoria me viene, que a los principios, en
los grandesbanquetes, y por mucho regalo y magnificencia, se
obsequiaba a cadacomensal con una aceituna. El dueño del
convite, como para disculpar unamezquindad que en el fondo
era positivo lujo, pues la producción eraescasa y carísima, solía
decir a sus convidados: caballeros, aceituna,una. Y así nació la
frase.
Ya en 1565 y en la huerta de don Antonio de Ribera, se
vendían cuatroaceitunas por un real. Este precio permitía a su
anfitrión serrumboroso, y desde ese año eran tres las aceitunas
asignadas por cadacubierto.
Sea que opinasen que la buena crianza exige no consumir toda
la racióndel plato, o que el dueño de la casa dijera, agradeciendo
el elogio quehicieran de las oleosas: aceituna, oro es una, dos
son plata y latercera mata, ello es que la conclusión de la
coplilla daba en quécavilar a muchos cristianos que, después de
masticar la primera ysegunda aceituna, no se atrevían con la
última, que eso habríaequivalido a suicidarse a sabiendas. Si la
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