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Tradiciones Peruanas

pecador, tronco de una muyrespetable y acaudalada familia de la
república vecina.
Todo lo que puedo decirte, lector, es que el comején de la
excomunióntraía en constante angustia a nuestro hombre. El
arzobispo convino enlevantarsela, pero imponiéndole la
penitencia de restituir la estaca conel mismo misterio que se la
había llevado.
¿Cómo se las compuso el excomulgado? No sabré decir más
sino que unamañana, al visitar don Antonio su jardincillo, se
encontró con laviajera, y al pie de ella un talego de a mil duros
con un billete sinfirma, en que se le pedía cristianamente un
perdón que él acordó, contanta mejor voluntad cuanto que le
caían de las nubes muy relucientesmonedas.
El hospital de Santa Ana, cuya fábrica emprendía entonces el
arzobispoLoayza, recibió también una limosna de dos mil pesos,
sin que nadie, aexcepción del ilustrísimo, supiera el nombre del
caritativo.
Lo positivo es que quien ganó con creces en el negocio fué
don Antoniode Ribera.
En Sevilla la estaca le había costado media peseta.
IV
A la muerte del comendador don Antonio de Ribera, del hábito
deSantiago, su viuda, doña Inés Muñoz, fundó en 1573 el
monasterio de laConcepción, tomando en él el velo de monja y
dejándole su inmensafortuna.
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