Not a member?     Existing members login below:

Tradiciones Peruanas

legadopara misas, sino porque la Iglesia había dado en la flor de
tomar cartasen todo y para todo, y por un quítate allá esas pajas
le endilgaba alprójimo una excomunión mayor que lo volvía
tarumba.
Sin embargo de que era frecuente el espectáculo de enlutar
templos yapagar candelas, nuestros antepasados se
impresionaban cada vez más conel tremendo aparato de las
excomuniones. En algunas de mis leyendastradicionales he
tenido oportunidad de hablar más despacio sobre muchasde las
que se fulminaron contra ladrones sacrílegos y contra alcaldes
ygente de justicia que, para apoderarse de un delincuente,
osaron violarla santidad del asilo en las iglesias. Pero todas ellas
son chirinola ycháchara celeste, parangonadas con una de las
que el primer arzobispo deLima don fray Jerónimo de Loayza
lanzó en 1561. Verdad es que su señoríailustrísima no anduvo
nunca parco en esto de entredichos, censuras ydemás actos
terroríficos, como lo prueba el hecho de que antes de que
laInquisición viniera a establecerse por estos trigales, el señor
Loayzacelebró tres autos de fe. Otra prueba de mi aseveración
es que amenazócon ladrillazo de Roma (nombre que daba el
pueblo español a lasexcomuniones) al mismo sursum corda, es
decir, a todo un virrey delPerú. He aquí el lance:
Cuéntase que cuando el virrey don Fernando de Toledo vino
de España,trajo como capellán de su casa y persona a un clérigo
un tantoensimismado, disputador y atrabiliario, al cual el
arzobispo creyóoportuno encarcelar, seguir juicio y sentenciar a
que regresase a lametrópoli. El virrey puso el grito en el cielo y
dijo, en un arrebato decólera: que si su capellán iba desterrado,
no haría el viaje solo, sinoacompañado del fraile arzobispo.
Súpolo éste, que faltar no podíaoficioso que con el chisme fuese,
Remove