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Tradiciones Peruanas

fiestas; y en el último día,cuando la embriaguez llegó a su
colmo, dió el cacique rienda suelta a suenojo con estas palabras:
—Nuestros padres hacían sus libaciones en copas de oro, y
nosotros,hijos degenerados, bebemos en tazas de barro. Los
viracochas sonseñores de lo nuestro, porque nos hemos
envilecido hasta el punto de queen nuestras almas ha muerto el
coraje para romper el yugo. Esclavos,bailad y cantad al compás
de la cadena. Esclavos, bebed en vasos toscos,que los de fino
metal no son para vosotros.
El reproche del cacique exaltó a los indios, y uno de ellos,
rompiendola vasija de barro que en la mano traía, exclamó:
—¡Que me sigan los que quieran beber en copa de oro!
El pueblo se desbordó como un río que sale de cauce, y
lanzándose sobrelos templos, se apoderó de los calices de oro
destinados para el santosacrificio.
El cura de Tintay, que era un venerable anciano, se presentó en
lapuerta de la iglesia parroquial con un crucifijo en la mano,
amonestandoa los profanadores e impidiéndoles la entrada. Pero
los indios,sobreexcitados por la bebida, lo arrojaron al suelo,
pasaron sobre sucuerpo, y dando gritos espantosos penetraron en
el santuario.
Allí, sobre el altar mayor y en el sagrado cáliz, cometieron
sacrilegasprofanaciones.
Pero en medio de la danza y la algazara, la voz del ministro
delAltísimo vibró tremenda, poderosa, irresistible, gritándoles:
—¡Malditos! ¡Malditos! ¡Malditos!
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