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Tradiciones Peruanas

Verdad es que, por esos tiempos, no era yo el
únicomalaventurado que con fenomenales producciones
desacreditaba el teatronacional, ilustrado por las buenas
comedias de Pardo y de Segura.Consuela ver que no es todo el
sayal alforjas.
Titulábase uno de mis desatinos dramáticos Rodil, especie de
alacránde cuatro colas o actos, y ¡sandio de mí!, fuí tan bruto
que no sólocreí a mi hijo la octava maravilla, sino que, ¡mal
pecado!, consentí enque un mi amigo, que no tenía mucho de lo
de Salomón, lo hiciera poneren letras de molde. ¡Qué tinta y qué
papel tan mal empleados!
Aquello no era drama ni piñón mondado. Versos ramplones,
lirismo tonto,diálogo extravagante, argumento inverosímil,
lances traídos a lazo,caracteres imposibles, la propiedad de la
lengua tratada a puntapiés, lahistoria arreglada a mi antojo y...
vamos, aquello era un mamarrachodigno de un soberbio
varapalo. A guisa, pues, de protesta contra talpaternidad escribo
esta tradición, en la que, por lo menos, sabréguardar respetos a
los fueros de la historia y la sombra de Rodil notendrá derecho
para querellarse de calumnia y dar de soplamocos a la
míacuando ambas se den un tropezón en el valle de Josafat.
—¡Basta de preámbulo, y al hecho!—exclamó el presidente de
untribunal, interrumpiendo a un abogado que se andaba con
perfiles yrodeos en un alegato sobre filiación o paternidad de un
mamón. Elletrado dijo entonces de corrido:—El hecho es un
muchacho hecho: elque lo ha hecho niega el hecho: he aquí el
hecho.
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