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Tradiciones Peruanas

Una de las cláusulas de su testamento, que hemos leído, señala
duranteveinticinco años la suma de treinta pesos al mes para
misas en sufragiodel alma de Ovillitos.
Escribo esta tradición para purgar un pecado gordo que contra
lahistoria y la literatura cometí cuando muchacho.
Contaba dieciocho años y hacía pinicos de escritor y de poeta.
Mi sueñodorado era oír, entre los aplausos de un público
bonachón, losdestemplados gritos: ¡el autor! ¡el autor! A esa
edad todo el monteantojábaseme orégano y cominillo, e
imaginábame que con cuatro coplas,mal zurcidas, y una docena
de articulejos, peor hilvanados, había puestouna pica en Flandes
u otra en Jerez. Maldito si ni por el forroconsultaba clásicos, ni
si sabía por experiencia propia que los viejospergaminos son
criadero de polilla. Casi, casi me habría atrevido a darquince y
raya al más entendido en materias literarias, siendo yoentonces
uno de aquellos zopencos que, por comer pan en lugar debellota,
ponen al Quijote por las patas de los caballos, llamándololibro
disparatado y sin pies ni cabeza. ¿Por qué? Porque sí.
Esteporque sí será una razón de pie de banco, una razón de
incuestionabley caprichosa brutalidad, convengo; pero es la
razón que alegamos todoslos hombres a falta de razón.
Como la ignorancia es atrevida, echéme a escribir para el
teatro: y asíDios me perdone si cada uno de mis engendros
dramáticos no fué puñaladade pícaro al buen sentido, a las
musas y a la historia. Y sin embargo,hubo público bobalicón que
llamara a la escena al asesino poeta y que,en vez de tirarle los
bancos a la cabeza, le arrojara coronitas delaurel hechizo.
 
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