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Torquemada en la Hoguera

Fue mi propósito durante mucho tiempo no sacar nuevamente á luz estas primicias, anticuadas
ya y fastidiosas; pero he tenido que hacerlo al fin cediendo al ruego de cariñosos amigos míos.
Al incluirlas en el presente tomo, declaro que no está mi conciencia tranquila, y que me acuso
de no haber tenido suficiente energía de carácter para seguir rechazando las sugestiones de
indulgencia, en favor de estas obrillas. Temo mucho que el juicio del público concuerde con el
que yo tenía formado, y que mis lectores las sentencien á volver á la región del olvido, de donde
imprudentemente las saco, y que las manden allá otra vez, por tránsitos de la guardia critica. Si
así resultase, á mi y á mis amigos nos estará la lección bien merecida.
Lo único que debo hacer, en descargo de mi conciencia, es marcar al pie de cada una de estas
composiciones la fecha en que fueron escritas; y no porque yo quiera darlas un valor
documental, á falta del literario, sino para atenuar, hasta donde conseguirlo pueda, el desaliño,
trivialidad, escasez de observación é inconsistencia de ideas que en ellas han de encontrar aún
los que las lean con intención más benévola.
B.P.G.
MADRID, Junio de 1889.
TORQUEMADA EN LA HOGUERA
I
Voy á contar cómo fue al quemadero el inhumano que tantas vidas infelices consumió en llamas;
que á unos les traspasó los hígados con un hierro candente; á otros les puso en cazuela bien
mechados, y á los demás les achicharró por partes; á fuego lento, con rebuscada y metódica saña.
Voy á contar como vino el fiero sayón á ser víctima; cómo los odios que provocó se le volvieron
lástima, y las nubes de maldiciones arrojaron sobre él lluvia de piedad; caso patético, caso muy
ejemplar, señores, digno de contarse para enseñanza de todos, aviso de condenados y
escarmiento de inquisidores.
Mis amigos conocen ya, por lo que de él se me antojó referirles, á D. Francisco Torquemada, á
quien algunos historiadores inéditos de estos tiempos llaman Torquemada el Peor. ¡Ay de mis
buenos lectores si conocen al implacable fogonero de vidas y haciendas por tratos de otra clase,
no tan sin malicia, no tan desinteresados como estas inocentes relaciones entre narrador y lector!
Porque si han tenido algo que ver con él en cosa de más cuenta; si le han ido á pedir socorro en
las pataletas de la agonía pecuniaria, más les valiera encomendarse á Dios y dejarse morir. Es
Torquemada el habilitado de aquel infierno en que fenecen desnudos y fritos los deudores;
hombres de más necesidades que posibles; empleados con más hijos que sueldo; otros ávidos de
la nómina tras larga cesantía; militares trasladados de residencia, con familión y suegra de
añadidura; personajes de flaco espíritu, poseedores de un buen destino, pero, con la carcoma de
 
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