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Tormento

temprano, y cazar todo lo que encuentresandar de Ceca en Meca por llanos, breñas y
matorrales; comer cuantopuedas, mientras más magras mejor; beber buen vino de
Yepes; ayudar aSuárez en sus tareas; tomar el arado cuando sea menester o bien la
azaday el hacha; llevar el ganado al monte y cargar un haz o leña si espreciso; en fin,
trabajar, alimentarte, fortalecer ese corpachóndesmedrado. Quiero que empieces por
ponerte en estado salvaje; y sisigues mi plan, serás tal que al poco tiempo de estar allí,
si tevarean, soltarás bellotas... Desde que logres esta felicidad, serás otrohombre, y si
no se te quitan todas esas murrias del espíritu, me dejocortar la mano. Cuando pase
cierto tiempo, iré a verte o me escribirásdiciéndome cómo te encuentras. Te someteré
a un examen, y si estás bienlimpio de calentura, se te devolverán las licencias, y con
ellas...(voz muy cariñosa). Aquí viene la segunda parte de mi plan curativo.Atención.
Mientras tú estás allá... civilizándote, yo en Madrid meocupo de ti, y te consigo por
mediación de D. Ramón Pez, mi amigo, uncurato de Filipinas...
D. Pedro hizo un movimiento de sorpresa, de sobresalto.
«Qué... ¿te encabritas? Es que no confío yo en tu salvación completa sino ponemos
mucha tierra y mucha agua de por medio. Patillas es listo, ypodría suceder que mi
convaleciente... Las recaídas son siempremortales, hijo. Última palabra. Si no aceptas
mi plancompleto, te abandono a tu desgraciada suerte. ¿Qué tienes que
decir?¿Vacilas?».
En efecto, el enfermo vacilaba, dejando ver la irresolución en susemblante.
Levantose entonces bruscamente D. Juan Manuel, cruzó elmanteo, tomó con aire
decidido la canaleja, y poniéndosela de golpe comoun militar se pone el sombrero de
tres picos, dijo así:
«Ea... bastante hemos hablado. Quédate con todos los demonios, y nocuentes
conmigo para nada».
Alzando la voz, que de afectuosa se trocó en severa, sacudió por unbrazo a Polo
diciéndole:
«De mí no se ríe nadie... ¡ya sabes que tengo malas pulgas, y si meapuras, todavía
soy hombre para cogerte por un brazo y hacerte cumplir,que quieras que no, con tu
obligación, badulaque, mal hombre, clérigodanzante!».
Tembló este al oír tan airadas palabras, y retuvo a su amigo,agarrándole por el
manteo. De esta manera le quería indicar que sesentara para seguir hablando. Así lo
hizo el célebre Nones, y talescosas humildes y compungidas le dijo el penitente, que
el anciano seaplacó y ambos celebraron su concordia con otro cigarrito.
Al día siguiente D. Pedro se fue al Castañar.
XIX
 
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