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Tormento

«Y ya que hemos hablado de hombre a hombre—prosiguió el cura en tonomás
severo—, voy a despacharme a mi gusto como sacerdote.Pero antes de entrar en ello,
hazme el favor de decir a esa tarasca deCeledonia que traiga una copita de vino: eso
es, si la tienes, que sino, venga de agua para refrescar las predicaderas».
Traído el vino, D. Juan Manuel se fortificó con él los espíritus paraseguir su plática:
«El papel ignominioso que haces ante el mundo, pues los curas tedespreciarán por
perdido, y los perdidos por cura; el atentado contra tusalud y los demás perjuicios
temporales son bobería en comparación de laofensa que haces a Dios, a quien has
querido engañar como a un chino...permite este modo vulgar de expresarme. Estás en
pecado mortal, y siahora te murieras, te irías al Infierno tan derechito como ha entrado
enmi estomago este vino que acabo de beber. En eso sí que no hay escape,hijo; en eso
sí que no hay tus-tus; en eso sí que no hay quita y pon. Essolución redonda,
terminante, brutal. Demasiado lo comprendes. Puesbien, desgraciado Periquillo (voz
afectuosa.); hablándote como amigo,como sacerdote, como ex-cazador, como
extremeño, como lo que gustes, tepregunto: '¿Quieres salvarte de la deshonra, de la
muerte y de lasllamas eternas?'».
—Sí.
—¿Respondes con sinceridad?
—Sí.
—Pues si quieres curarte y salvarte, lo primero que tienesque hacer es ponerte a mi
disposición, abdicar tu voluntad en la mía yhacer puntualmente todo lo que yo te
mande.
—Estoy conforme.
—Bueno. Pues vas a empezar por salir de Madrid. Mi sobrino político, elmarido de
Felisa, la mayor de mis sobrinas, ha comprado una gran dehesaen la provincia de
Toledo, entre el Castañar y Menasalvas. Allí está él;quiere que yo vaya, pero mis
huesos no están ya para traqueteos. Tú eresel que vas a empaquetarte para allá, antes
hoy que mañana. Te mando,como primer remedio, al yermo; ¡pero qué yermo
delicioso! Haysembradura, ganado, un poco de viña, y para que nada falte, hay
tambiénun monte que ahora están descuajando en parte. Tú les ayudarás, porqueel
manejo del hacha es la mejor receta contra melindres que se podríainventar. En esa
finca, en ese paraíso te estarás hasta que yo te mande.Y cuidadito con las escapadas
(voz familiar y expresiva; admonición conel dedo índice); cuidadito con las epístolas.
Debes hacer cuenta de quela tal persona no existe, de que se la ha llevado Dios... Y no
te mandoque estés allí mano sobre mano mirando a las estrellas, que holganza
ypecado son dos palabras que expresan una misma idea. Harás toda lapenitencia que
puedas, y fíjate bien en el plan de mortificaciones quete impongo: levantarte muy
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