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Tormento

económico en altísimo grado.Bringas tenía en el cajón de la derecha de su mesa (que
era de las quellaman de ministro), varios apartadijos de monedas. De allí salía todolo
necesario para los diferentes gastos de la casa con unapuntualidad y un método que
quisiéramos fuese imitado por el Tesoropúblico. Allí lo superfluo no existía mientras
no estuvieran cubiertastodas las atenciones. En esto era Bringas inexorable, y gracias
a tansaludable rigor, en aquella casa no se debía un maravedí ni al SursumCorda
(expresión del propio Thiers). Los restos de lo necesario pasabansemanalmente a la
partida y al cestillo de lo superfluo, y aun habíaotro hueco a donde afluía lo sobrante
de lo superfluo, que era ya, comose ve, una quinta esencia de numerario, y la última
palabra del ordendoméstico. De esta tercera categoría rentística procedían
losalambicados emolumentos de Amparo, que generalmente tenían adecuadaforma en
pesetas ya muy gastadas y en los cuartos más borrosos. Todo loapuntaba D. Francisco
en su libro, que era hecho por él mismo con papelde la oficina, y muy bien cosido con
hilo rojo. El bendito hombre teníala meritoria debilidad de engañar a su mujer cuando
le pedía cuenta deaquellos despilfarros semanales, y si había dado catorce, decía en
tonotranquilizador guardando el libro:
«Sosiégate, mujer. No le he dado más que nueve reales... Ni sé yo cómose arreglará
la pobre para pagar la casa este mes, porque la gandulonade su hermana no le ayudará
nada... Pero no podemos hacer más por ella.Y milagro parece que vayamos saliendo
adelante con tantas atenciones. Este mes el calzado de los niños nos desequilibra un
poco.Espero que Agustín se acuerde de lo que prometió respecto al pago delcolegio y
del piano de Isabelita. Si lo hace, vamos bien. Si no,renunciaré a gabán nuevo para
este invierno. Y lo mismo digo de tusombrero, hijita... Ya ves; el tonto de mi primo
podría regalarte uno dealto precio; pero él no se hace cargo de las verdaderas
necesidades, yno conviene darle a entender que confiamos en su generosidad.
Muchotacto con él, que estos caracteres huraños suelen tener una perspicaciay una
desconfianza extraordinarias».
V
Como no tuviera quehaceres de consideración, o algún trabajoextraordinario bien
retribuido, lo que sucedía muy contadas veces,Amparo no dejaba de acudir ningún día
al principal de la Costanilla delos Ángeles. Allí la vemos puntual, siempre la misma,
de humor y genioinalterables, grave sin tocar en el desabrimiento, callada,
sufrida,imagen viva de la paciencia, si esta, como parece, es una imagenhermosa;
trabajadora, dispuesta a todo, ahorrativa de palabras hasta laavaricia, ligeramente
risueña si Rosalía estaba alegre, sumergida enprofundísima tristeza si la señora
manifestaba pesadumbre o enojo.
Oigamos la cantinela de todos los días:
 
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