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Tormento

contenido del frasco, se lo bebió... ¡Gustomás raro! ¡Parecía... así como aguardiente...!
Dentro de cinco minutosestaría en el reino de las sombras eternas, con nueva vida,
desligadadel grillete de sus penas, con toda el deshonor a la espalda, arrojadoen el
mundo que abandonaba como se arroja un vestido al entrar en ellecho.
Ocúrrele pasar a la habitación vecina. Es su alcoba. ¡Soberbio y comoencantado
tálamo! Hay también un sofá cómodo y ancho. No bien da cuatropasos en aquella
pieza, advierte en su interior como una pena, como unadescomposición general. Cree
que se desmaya; que pierde el conocimiento;pero no, no lo pierde. Ha pasado un
minuto nada más... Perosiente luego un miedo horrible, la defensa de la naturaleza, el
potenteinstinto de conservación. Para animarse dice: «Si no tenía más remedio;si no
debía vivir». La flojedad y el desconcierto de su cuerpo crecentanto, que se desploma
en el sofá boca abajo. Nota una opresión grande,unas ganas de llorar... Con su
pañuelo se aprieta la boca y cierrafuertemente los ojos. Pero se asombra de no sentir
agudos dolores nibascas. ¡Ah!, sí, ya siente unas como cosquillas en el
estómago...¿Padecerá mucho? Empieza el malestar, pero es un malestar ligero.
¡Quéveneno tan bueno aquel, que mata tranquilamente! De pronto le parece quese le
nubla la vista. Abre los ojos y lo ve todo negro. Tampoco oye, ylos pájaros cantan allá
lejos, como si estuvieran en la Puerta delSol... Y entonces el pánico la acomete tan
fuertemente, que se incorporay dice: «¿Llamaré? ¿Pediré socorro? Es horrible...
¡morirse así!... ¡quépena!, ¡y también pecado!...». Escondiendo su rostro entre las
manoshace firme propósito de no llamar. ¿Pues qué, aquello es acaso unacomedia?
Después se siente desvanecer... se le van las ideas, se le vael pensamiento todo, se le
va el latir de la sangre, la vida entera, eldolor y el conocimiento, la sensación y el
miedo, se desmaya, se duerme,se muere... «Virgen del Carmen—piensa con el último
pensamiento que seescapa—, ¡acógeme...!».
XXXV
No se sabe a punto fijo por qué conducto entraron en el espíritu deaquel buen
Caballero las sospechas, y tras las sospechas algo que lasconfirmaba, noticias, datos y
referencias. Créese que el llamado Torresfue quien llevó el cuento desde la Costanilla
al escritorio de Mompous,y que el Mompous lo trasportó luego con acento catalán a
los propiosoídos de Caballero, justificándose con las razones adecuadas al caso...Lo
hacía movido de amistad para ponerle en guardia. Quizás era calumnia;pero como la
especie corría, conveniente era notificarla al másinteresado en ello por el honor de su
nombre etc... La impresión queestas revelaciones hicieron en el confiado amante
pueden suponerlacuantos le conozcan por estas páginas, o porque realmente le
hayantratado. Aquel hombre de tan sosegada apariencia pasaba fácilmente de
unabatimiento sombrío a un furor pueril. Rosalía le tuvo miedo cuando levio entrar
aquella tarde tres horas después de haberse ido Amparo a sucasa, pasada la escena del
desmayo. Fue la tarde del lunes.
 
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