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Tormento

aquel velo espeso y ardiente de su aflicción, que sobre lapersona de Rosalía lucían
algunos objetos adquiridos para ella, para lanovia.
«¿Qué miras?—le dijo la de Bringas—, ¿te has fijado en esta sortijaque Agustín
compró para ti?... No creas que soy yo de las que seapropian lo ajeno. El primo me
dijo ayer que podía tomarla para mí...».
La novia no respondió nada. Accidentes de tan poca importancia nosolicitaban su
atención sino en momentos brevísimos. La dama no seapartaba de ella, temerosa de
que la acometiera otro desmayo. Cuandomenos lo pensaba, Amparo se incorporó
diciendo:
«Quiero irme a mi casa».
—Gracias a Dios que recobras la palabra. Pensé que te habías vueltomuda... No
creas, ha habido casos de perder las personas la voz, cuandono el juicio, por un
bochorno grande. ¿De veras que te quieres ir?... Nome parece mal. Eso es; te vas a tu
casita y te metes en la cama, a versi descansas. Tendrás quizás un poco de fiebre.
Amparo se levantó con dificultad.
«¿Quieres que vaya Prudencia contigo?».
—No... Puedo andar sola...
—¡Bah!... si no tienes más que miedo... ¿Necesitas algo?
—No, gracias...
—De seguro irá Agustín a verte en cuanto sepa que estás mala... Veremoscomo me
arreglo yo sola para acabar mi vestido. No te preocupes de esto,ni hagas un esfuerzo
para venir mañana si no te encuentras bien. Traeréuna costurera...
Ayudola a ponerse el mantón y el velo, y parecía que la empujaba cual siquisiera
verla salir lo más pronto posible.
«Sal por la sala—le dijo cariñosa—. Naturalmente, no querrás que tevea Prudencia,
ni Paquito y Joaquín que andan por los pasillos...Adiós».
Bajó Amparo paso a paso la escalera. No le faltaban fuerzas para andar,pero temía
caerse en la calle, y no se separaba de las casas parasostenerse en la pared en caso de
que se le mareara la cabeza.
«Si este malestar que siento—pensaba—, si este horrible frío, si esteacíbar que
tengo en la boca fueran principio de una enfermedad de lacual me muriera, me
alegraría... Pero no quiero morirme sin poderledecir: 'No soy tan mala como parece'».
Encerrada en su casa, acostosevestida en su lecho y se arropó con todo lo que halló a
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