Not a member?     Existing members login below:
Holidays Offer
 

Tormento

natural, pero de cortos alcances. Le manejaráscomo quieras, si eres lista, le
gobernarás como se gobierna a un niño yharás en todo tu santísima voluntad».
La intención que estas palabras revelaban, no se ocultó a la infelizjoven, que tuvo
más miedo. Pero en las naturalezas sometidas a rudísimaspruebas acontece que el
peligro sugiere el recurso de la salvación, yque del exceso de pavura surge el rapto de
valor, por la ley de lasreacciones. Comprendiendo, pues, Tormento, por aquel indicio
de lasideas y palabras de su enemigo que este quería conducirla auna solución
criminal y repugnante, sintió estremecimientos de sudignidad y protestas de la innata
honradez de su alma. Miró al bruto, ytan odioso le parecía, que entre morir luchando
y el suplicio de verle ytratarle prefirió lo primero. Herida de su propio instinto como
de unlátigo, se levantó bruscamente, y sin disimular su ira habló así:
«En fin... ¿esto se acaba o no? He venido para saber si me dejastranquila o quieres
concluir conmigo».
—Calma, calma, niña—murmuró Polo palideciendo—. Ya sabes que de mí
noconsigues nada por malas. Por buenas, todo lo que quieras...
Tormento hizo un esfuerzo para tener prudencia, tacto, habilidad.Enjugándose las
lágrimas que acudieron a sus ojos, dijo:
«Tú no puedes querer que yo sea una desgraciada; debes desear que yo seauna
mujer buena, digna, honrada. Has hecho cosas malas; pero no tienesmal corazón;
debes dejarme en paz, no perseguirme más, marcharte aFilipinas como pensabas y no
acordarte nunca del santo de mi nombre».
—¡Oh!, pobre Tormento—exclamó él con honda amargura—. Si eso pudieraser tan
fácilmente como lo dices... Has dicho que no soy un perverso.¡Qué equivocada estás!
Allá en aquellas soledades, varias veces estuvetentado de ahorcarme de un árbol,
como Judas, porque yotambién he vendido a Cristo. A veces me desprecio tanto que
digo: «¿nohabrá un cualquiera, un desconocido, un transeúnte que, al pasar junto amí,
me abofetee?». Y te hablaré con franqueza. Mientras fui hipócrita yreligioso histrión
y no tuve ni pizca de fe. Después que arrojé lacareta, creo más en Dios, porque mi
conciencia alborotada me lo revelamás que mi conciencia pacífica. Antes predicaba
sobre el Infierno sincreer en él; ahora que no lo nombro, me parece que si no existe,
Diostiene que hacerlo expresamente para mí. No, no, yo no soy bueno. Tú nome
conoces bien. ¿Y qué me pides ahora? Que te deje en paz... ¿Para quéme mirabas
cuando me mirabas?
Ante esta pregunta, el espanto de la medrosa subió un punto más. Lascosas que por
su mente pasaron habríanle producido una muerte fulminantesi el cerebro humano no
estuviera construido a prueba de explosiones,como el corazón a prueba de
remordimientos.
Remove