Not a member?     Existing members login below:
Holidays Offer
 

Tormento

—La verdad, yo contaba con que Agustín esperase siquiera seis años...Isabel tiene
diez... ya ves... Pero a ti no se te ocurre nada.
—¡Ave María Purísima!...
—Y pretende que la traigamos a casa mientras llega el día delbodorrio... Sí, aquí
estamos para tapadera...
Bringas, hombre de sano juicio, que siempre trataba de ver las cosas concalma y
como eran realmente, intentó aplacar a su exaltada cónyuge conlas razones más
filosóficas que de labios humanos pudieran salir. Segúnél, antes que ofenderse debían
alegrarse de la elección de su primo,porque Amparo era una buena muchacha y no
tenía más defecto que serpobre. Agustín deseaba mujer modesta, virtuosa y sin
pretensiones... Noera tonto el tal, y bien sabía gobernarse. Convenía, pues, celebrar
laelección como feliz suceso y no mostrar contrariedad ni menos enojo. SiAgustín
quería que su futura viviese con ellos una corta temporada, muysanto y muy bueno.
«Porque, mira tú—añadió con centelleos deperspicacia en sus ojos—, más cuenta nos
tendrá siempre estar bien conel primo y su esposa que estar mal. Si ahora les
desairamos, quizásdespués de casados nos tomen ojeriza, y... no te quiero decir
quiénperderá más. Él es muy bueno para nosotros, y no creo que Amparo seoponga a
que lo siga siendo. Le debemos obsequios y favores sin fin, ynosotros ¿qué le hemos
dado a él? Una triste botella de tinta, hija...Tengamos calma, calma y aplaudámosle
ahora como siempre. Probablementeseremos padrinos, y habrá que correrse con un
buen regalo. No importa;se sacará como se pueda. Ya sabes que él no se queda nunca
atrás.Nuestra situación hoy, hija de mi alma, es apretadilla. Si me encargo elgabán,
que tanta falta me hace; si vamos al baile de Palacio, tendremosque imponernos
privaciones crueles: eso contando siempre con que laSeñora te dé el vestido de color
melocotón que te tiene ofrecido, quesi no, ¡a dónde iríamos a parar!... Pero la
economía y un mal pasardentro de casa harán este milagro y el del regalo para
Agustín. Con quemucha prudencia y cara de Pascua.
Este sustancioso discursillo tuvo eco tan sonoro en el egoísmo deRosalía, que se
amansó su bravura y conoció lo impertinente de suoposición al casorio. Deseaba que
Amparo llegase para hablarle delasunto y saber más de lo que sabía. ¡La muy pícara
no había ido desde elsábado!... Estaba endiosada. Quería hacer ya papeles
dehumilladora, por venganza de haber sido tantas veces humillada.
XXIII
La increíble fortuna no llevó al ánimo de Amparo franca alegría, sinoalternadas
torturas de esperanza y temor. Porque si negarse era muytriste y doloroso, consentir
era felonía. El miedo a la delación hacíalaestremecer; la idea de engañar a tan
generoso y leal hombre la poníacomo loca; mas la renuncia de la corona que se le
 
Remove