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Thespis

Después de un silencio, Sancho repuso, con inacostumbrada
melancolía:
—Cría cuervos para que te saquen los ojos. El señor don
Miguel no esnuestro enemigo, que es nuestro padre.
Al oír esto, Don Quijote quedó completamente absorto en sí
mismo, unrato largo, muy largo, sin atender a la creciente
farándula con que losdemás personajes mortificaban al solitario
moribundo... Luego se irguióy dijo muy recio:
—Cierto. Él es nuestro padre. Él nos ha dado la posteridad y la
gloria,¡la verdadera vida!
Y sin más, arremetió contra la legión de importunos que
antescapitaneara, arrojándolos de la habitación como a perros, a
golpes delanza... Cuando salieron todos, cerró la puerta detrás
de ellos,quedando solo con el moribundo y Sancho...
Cervantes, que haciendo un último esfuerzo se había levantado
a echartambién a los incómodos visitantes, cayó entonces sobre
Alonso Quijanoel Bueno... Y mientras Sancho, arrodillado, le
cubría las manos delágrimas, rindió su alma a Dios en los brazos
de don Quijote. En su bocadescolorida acentuábase una sonrisa
de infinita ternura, como si dijeraa sus dos creaciones más
ilustres:
—¡Bien sabía que habíais de venir vosotros, hijos míos, a
socorrerme enla hora de la muerte!
EL JUSTICIERO
«Catalina de Aragón», así como suena, nada menos que
«Catalina deAragón» se firmaba y se hacía llamar Felipa Danou,
francesa deMontmatre. Y con ese nombre histórico,
 
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