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Thespis

—No son malos—rectificó dulcemente la madre.—Los
hombres no son malosni buenos... Unos son ricos y otros son
pobres... Eso es todo. ¡Cálmate,hijo mío!
Las crueles emociones de esa trágica mañana enfermaron
gravemente aRamón. Su madre tuvo que llevarlo al hospital,
donde pasó muchos díasentre la vida y la muerte. En sus noches
de fiebre deliraba con la pobreLita y su pérfida madrina, que no
era una hada sino una bruja... A cadamomento creía que esa
bruja venía a robarlo a él también... Pero sunaturaleza robusta
venció la dolencia. A las tres semanas lo llevó sumadre consigo
a la nueva casa en que se conchabara, ya convaleciente,amarillo,
altote, muy triste, y tan flaco como un espectro...
Él no volvió a hablar más de su amarga experiencia. Parecía
olvidado deLita y de la injuria mortal que recibiera... Mas una
noche dijosencillamente a su madre:
—Mañana hará un mes de la muerte de Lita, mamá... Quisiera
comprarleunas flores y llevárselas al cementerio... Iremos los
dos antes de ir almercado, mamá...
En vez de enfadarse, como temía Ramón, su madre se lo
prometió, despuésde abrazarlo. Compraron así al día siguiente
un hermoso ramo de rosasblancas en el mercado y lo llevaron al
cementerio. El guardián lesindicó la tumba de Lita. Ya estaba
cubierta de otras flores frescas,flores finas y raras.
—Mamá—preguntó Ramón divagando todavía con los
pensamientos delirantesde su enfermedad—¿quién habrá puesto
ahí esas flores tan temprano?...¿No podría ser el hada
madrina?...
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