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Thespis

El Chucro, como hombre salvaje, tenía el oído alerta aun
durante elsueño. Sintiola perfectamente, despertose, y al saberla
junto a sí, ledijo, con su recia voz de siempre:
—¿Has resucitao, gallega perra? ¡Esto te enseñará a no morirte
otravez!
Diose vuelta al otro lado, y, mientras ella se acurrucaba a
susespaldas, como un polluelo friolento bajo el ala de la madre,
estallaronde nuevo sus ronquidos.
LA MADRINA DE LITA
I
Lita era una pobre niña que no podía caminar y ni siquiera
tenerse enpie. Atacada a la medula por incurable enfermedad, su
cintura eradeforme y sufría dolores que le arrancaban
diariamente quejas ylágrimas. Toda su vida parecía concentrarse
en los dos grandes ojosazules que iluminaban su carita de ángel.
Sentada en su sillita rodante,con un libro de estampas en la
mano, fijaba esos dos ojos en su mamá,que bordaba junto a
ella...
—¿Quieres que te cuente un cuento, Lita?—preguntábale la
señora,acariciándole la rubia cabellera.
—No, mamá. Ya sé todos los cuentos.
Muy raro era que Lita no quisiera que le contaran un cuento,
porqueprefería los cuentos a las golosinas, a los juguetes y hasta
a loslibros de estampas. Por eso su mamá se los contaba todos
los días,inventando a veces algunos muy bonitos.
Después de quedarse un rato pensativa, dijo Lita:
 
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