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Thespis

Aquí estoy yo, Thespis. Fui el primero en inventar el canto
trágico,cuando Baco traía el carro de las vendimias, y era
propuesto en premioun lascivo macho cabrío, con un cesto de
higos áticos. Nuevos poetashan cambiado la forma del canto
primitivo; otros, con el tiempo, loembellecerán todavía. Pero el
honor de la invención siempre queda paramí.
Tendrás eternamente razón, oh glorioso Thespis. El honor de
lainvención te pertenecerá siempre. Yo, hijo de tierras que no
hasconocido y de una civilización que no pudiste sospechar, lo
reconozco; yte rindo homenaje, poniendo tu nombre al frente de
este libro...
Pues este libro es un manojo de cuentos y fantasías, escrito en
los másvarios estados de ánimo. Presenta, puedo decirlo,
distintos personajes ydiversos estilos. Por mi rostro han pasado
también las máscaras de lino,ya trágicas, ya cómicas... ¿No es
acaso todo escritor—poeta, dramaturgoo novelista,—la
sucesiva encarnación de sus personajes? Él siente,actúa y habla
por ellos, ellos por él. Un autor es un actor ensilencio... Su
«sinceridad» no es más que su aptitud de sugestionarsecon las
máscaras que se suceden sobre su rostro.
¡Sedme pues propicios, oh manes de Thespis, padre común de
todos lospoetas, dramaturgos y novelistas!... Al poner mi libro
bajo tu nombre,pido al buen árbol buena sombra.
Buenos Aires, Diciembre de 1906.
PRIMERA PARTE
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