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Thespis

El juicio de Aristarco fue más severo:
—Ya que eres bueno y confiado, quiero hablarte con
franqueza,Juanillo—dijo a Simplón.—Tu cuento-poema se
define en una solapalabra: es un mamarracho. Déjate de
simplezas; reconoce que no tienestalento, como tenemos yo y
del Laurel; y ocúpate de derecho y política,en los cuales no se
necesita tanta inteligencia, o es, por lo menos, másfácil
simularla. ¡Considera tu «Canto del Cisne» como el verdadero
cantodel cisne de tus ambiciones literarias!
Juanillo miró a del Laurel, ansioso de que contradijera a
Aristarco;pero del Laurel estaba en ese momento bastante
ocupado en acariciarse lamelena... Desalentado, con la muerte
en el alma, Juanillo se retiróentonces a su casa. Por el camino
compró seis cajas de fósforos,resuelto a desleír el veneno en
algún vinillo dulce, para que noresultase el mortal brebaje
demasiado feo...
EL CAPITÁN PÉREZ
I
A modo de fiera en un redil, la desgracia se había encarnizado
con lafamilia de Itualde. Primero perdió en especulaciones toda
la fortuna elpadre y jefe, don Adolfo. Poco después murió,
dejando «en la calle» a suviuda, doña Laura, y sus cuatro hijos:
Adolfo, Ignacio, Laurita y Rosa,la pequeña, a quien llamaban
«Coca».
Doña Laura, que amaba a su esposo, lo lloró inconsolable. Y
más todavía,si cabe, sintió su antigua fortuna, perdida
precisamente entonces,cuando su hija mayor iba a ser una
señorita. Cayó en profundoabatimiento y languideció un año
 
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