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Holidays Offer
 

Thespis

Comprendiendo tarde, ¡al perderla! cuánto amaba a Clarita,
me volvídesesperado a la estancia. En cuanto llegué, el
mayordomo, reforzado conla mayordoma, me instaron a jugar al
delicioso jueguito... Loco derabia, les contesté del peor modo...
El mayordomo se irritó a su vez...Los dos gritamos
desaforadamente... La mayordoma se echó a llorar y medijo que
yo no era un «gentleman»... En fin, se armó tal camorra, quetuve
que echar del establecimiento ignominiosamente al
matrimonioinglés.
El matrimonio inglés fue a quejarse a mis tíos los propietarios.
Mistíos se enojaron conmigo y repusieron al mayordomo, cuyos
servicios deveterinario eran todavía más indispensables que mis
cuentas deadministrador general. Reñí con mis tíos. Me retiré de
la estancia,perdí mi puesto, ¡y me encontré en la calle, con una
mano atrás y otraadelante!
No quiero seguir narrándoos mis desdichas, ¡oh lectores!
porque temoconmoveros demasiado. En pocas palabras os diré
que, por ese malditobridge, perdí mi novia, mi posición y hasta
mi nombre. La desgracia escomo una bola de nieve. Ha caído
sobre mí y me ha aplastado como a vilgusano. Hoy soy un pobre
náufrago sin rumbo ni salvación posible. Poreso he resuelto
acabar con mi vida... Y si cuento mis desdichas en
estetestamento público, es para que él sirva de ejemplo y de
escarmiento amis amigos, mis conciudadanos, mis prójimos.
MONSIEUR JACCOTOT
Monsieur Jaccotot, el viejo maestro de francés, llamó ante el
pizarrón aPerico Sosa, un rubiecito flacuchín, el menor y el más
travieso de suclase de muchachones adolescentes, para dictarle
 
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