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Su Único Hijo

arte, y despreciando las pequeñeces de la vida de pueblo y de lamoral corriente. ¡Valiente moral!
Todos deben querer a todos: usted amí, yo a usted, su marido a las dos, las dos a su marido.... El
mundo, latriste vida finita, no debe ser más que amor, amor con música; todo lodemás es perder
el tiempo...».
«Aquel diálogo hipotético—se quedó pensando Bonis—, era un disparate,sí... y con todo...
con todo... ¿Por qué no había de ser así? Él habíaleído que los antiguos patriarcas tenían varias
mujeres, Abraham, sin irmás lejos...». La idea de Abraham le trajo la de Sara la estéril...
sumujer... «¡Isaac!», le dijo una voz como un estallido en el cerebro....Emma era Sara...;
Serafina, Agar.... Faltaban Ismael, que erainverosímil, dadas las costumbres de Serafina, e
Isaac... ¡Isaac! ¿Quiénsabía? ¿Por qué le decía el corazón... acuérdate de Sara, ten
esperanza?Dos veces en aquella noche, que él debería consagrar a emociones tandiferentes, se le
llenaba el alma del amor de su Isaac... de su hijo....Tenía fiebre no sabía dónde; tal vez estaba
volviéndose loco; primero secomparaba con la Virgen; ahora con Abraham...; y a pesar de
tantodislate, una esperanza íntima, supersticiosa, se apoderaba de él, ledominaba.
Y al volver a mirar el grupo de su mujer y la cómica, a las cuales sehabían agregado ahora
Mochi, Marta, Minghetti y Nepomuceno, sintióReyes una especie de repugnancia; aquella paz
moral que a ratos seapoderaba de su espíritu, y hasta pudiera decirse de sus entrañas, se lealarmó
en el pecho, en la conciencia; le entró vivísimo deseo de apartara su mujer de toda aquella gente;
y sin poder dominarse, se acercó algrupo, y con gesto serio, que contrastaba con la alegría de
todos, conel ambiente de vaga concupiscencia que envolvía al grupo, dijo Bonis conuna energía
en el acento que sorprendió a Emma, la única que se hizocargo de ello por la novedad de la voz:
—Señores... y señoras... basta de charla; el público se impacienta, y lomejor que pueden hacer
estas damas y estos caballeros es comenzar lasegunda parte del programa.... Vale más la música
que toda esaalgarabía....
Todos le miraron entonces. Hablaba en broma seguramente, y, sin embargo,su gesto y el tono
de su voz eran serios, como imponentes.
Minghetti, inclinándose cómicamente, exclamó:
—Quien manda, manda.... Obediencia al tirano... al futuro empresarioforse....
Serafina, dando la espalda a los otros, en un momento que pudoaprovechar, miró fijamente a
su querido, abrió mucho los ojos conexpresión de burla cariñosa, que acabó con una mirada de
fuego.
Bonis tembló un poco por dentro al recibir la mirada, pero se hizo eldesentendido y no sonrió
siquiera.
—¡A cantar, a cantar!—dijo, fingiendo seguir la broma de su papel dedéspota.
Mochi se inclinó también, y Minghetti, después de una gran reverencia,se sentó al piano para
acompañar el dúo de tenor y tiple con queempezaba la segunda parte.
Nepomuceno se sentó junto a Marta, y Bonis muy cerca de su mujer, querespiraba con fuerza,
absorbiendo dicha por boca y narices.
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