Not a member?     Existing members login below:
Holidays Offer
 

Su Único Hijo

capaz su espíritu cariñoso, humilde. La sonrisa desu padre al hablar con los extraños, tratando
asuntos de la calle, erade una tristeza profunda y disimulada; se conocía que no esperaba nadade
puertas afuera; no creía en los amigos; temía la maldad, muygeneralizada; hablaba mucho a los
hijos mayores de la necesidad depertrecharse contra los amaños del mundo, un enemigo
indudablemente. Sí;su padre hablaba a los de casa de lo que aguardaba fuera, como podía
elhombre prehistórico hablar en su guarida, preparada contra los asaltosde las fieras, a las demás
personas de la familia, aleccionándolas paralas lides con las alimañas que habían de encontrar en
saliendo. Másrecordaba Bonis: que su padre, aunque ocultándolo, dejaba ver a su pesarque era
un vencido, que tenía miedo a la terrible lucha de laexistencia; era pusilánime; y, resignado con
su pobreza, con laimpotencia de su honradez arrinconada por la traición, el pecado, lacrueldad y
la tiranía del mundo, buscaba en el hogar un refugio, unaisla de amor, por completo separada del
resto del universo, con el queno tenía nada que ver. Para estas conjeturas de lo que su padre
habíasido y había pensado, Bonis se servía de multitud de recuerdos ahoraacumulados y llenos
de sentido; pero a lo que no llegaba con ellos era avislumbrar en sus hipótesis históricas, en su
recomposición desociología familiar, la lucha que el padre debía de haber mantenidoentre su
desencanto, su miedo al mundo, su horror a las luchas de fueray la necesidad de amparar a sus
hijos, de armarlos contra la guerra, aque la vida, muerto él, los condenaba. D. Pedro había
muerto sin dejar aningún hijo colocado. Había muerto cuando la familia había tenido
querenunciar, por miseria, a los últimos restos de forma mesocrática en eltrato social y
doméstico; cuando la pobreza había dado aspecto deplebeyo al decaído linaje de los Reyes. Y la
madre, a quien esto habríallegado al alma, había muerto poco después: a los dos años.
«Y ahora venía otro Reyes. Es decir, algo del espíritu y de la sangre desu padre». Bonis tenía
la preocupación de que los hijos, más que a lospadres, se parecen a los abuelos. La palabra
metempsicosis le estalló enlos oídos, por dentro. La estimaba mucho, de tiempo atrás, por
loexótica, y ahora le halagaba su significado.—No será precisamentemetempsicosis...—pensó—;
pero puede haber algo de eso... de otra manera.¿Quién sabe si la inmortalidad del alma es una
cosa así, se explica poresta especie de renacimiento? Sí, el corazón me lo dice, y me lo dice
laintuición; mi hijo será algo de mi padre. Y ahora los Reyes nacen ricos;vuelven al esplendor
antiguo...».
Al pensar esto, un sudor frío le subió por la espina dorsal.... Recordó,en síntesis de dos o tres
frases, el diálogo que aquella misma nochehabía sorprendido: el de Nepomuceno con Marta.
¡Oh! ¿Sería sino de losReyes? ¡Nacía uno más... y... nacía en la ruina! ¡Estaban arruinados,
oiban a estarlo muy pronto; eso había dicho el tío, que sabía a quéatenerse!
Bonis tuvo que sentarse en una silla, porque en la cama de su mujer nose atrevió a hacerlo.
—¡Dios mío, en el mundo no hay felicidad posible! Esta noche, que yopensé que iba a ser de
imágenes alegres, de dicha interior toda ella....¡qué horrible tormento me ofrece! ¡Arruinado mi
hijo! ¡Y arruinado porculpa mía! Sí, sí, yo comencé la obra.... Y además, mi ineptitud,
miignorancia de las cosas más importantes de la vida... los números... eldinero... las cuentas...
¡prosa, decía yo! ¡El arte, la pasión! eso erala poesía... ¡Y ahora el hijo me nace arruinado!
Emma se movió un poco y suspiró, como refunfuñando.
Bonis estuvo un momento decidido a despertarla. Aquello corría prisa.Quería revelarle el
terrible secreto cuanto antes, aquella misma noche.No había que perder ni un día; desde la
Remove