Not a member?     Existing members login below:
Holidays Offer
 

Sangre y Arena

La idea de acompañar al espada en esta excursión hizo sonreír a doña Solpor lo
absurda y atrevida. ¡Ir a aquel cortijo donde pasaba la familiade Gallardo una parte del
año! ¡Entrar, con el estruendo escandaloso dela irregularidad y del pecado, en aquel
ambiente tranquilo de caserocorral, donde vivía con los suyos el pobre mozo!...
Lo absurdo del deseo la decidió. Ella iría también: le interesaba verLa Rinconada.
Gallardo sintió miedo. Pensó en las gentes del cortijo, en loshabladores, que podrían
comunicar a la familia este viaje. Pero lamirada de doña Sol abatió todos sus
escrúpulos. ¡Quién sabe!... Tal vezeste viaje le devolviera a su antigua situación.
Quiso, sin embargo, oponer un último obstáculo a este deseo.
—¿Y el Plumitas?... Mie usté que ahora, según paece, anda por cercade La
Rinconá.
¡Ah, el Plumitas! El rostro de doña Sol, obscurecido por elaburrimiento, pareció
aclararse con una llamarada interior.
—¡Muy curioso! Me alegraría de que usted pudiera presentármelo.
Gallardo arregló el viaje. Pensaba ir solo, pero la compañía de doña Solle obligó a
buscar un refuerzo, temiendo un mal encuentro en el camino.
Buscó a Potaje, el picador. Era muy bruto y no temía en el mundo masque a la
gitana de su mujer, que cuando se cansaba de recibir palizasintentaba morderle. A éste
no había que darle explicaciones, sino vinoen abundancia. El alcohol y las atroces
caídas en el redondel lemantenían en perpetuo aturdimiento, como si la cabeza le
zumbase, nopermitiéndole mas que lentas palabras y una visión turbia de las cosas.
Ordenó también al Nacional que fuese con ellos: uno más, y dediscreción a toda
prueba.
El banderillero obedeció por subordinación, pero rezongando al saber queiba con
ellos doña Sol.
—¡Por vía e la paloma azul!... ¡Y que un pare de familia se vea metíoen estas cosas
feas!... ¿Qué dirán de mí Carmen y la seña Angustias siyegan a enterarse?...
Cuando se vio en pleno campo, sentado al lado de Potaje en la banquetade un
automóvil, frente al espada y la gran señora, fue desvaneciéndosepoco a poco su
enfado.
No la veía bien, envuelta como iba en un gran velo azul que descendía desu gorra
de viaje, anudándose sobre el gabán de seda amarilla; pero eramuy hermosa... ¡Y qué
conversación! ¡Y qué saber de cosas!...
Remove