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Riverita

tiraba suavemente de una oreja, llamándola tonta. Un día vinoorden de arriba para
trasladar a esta hermana a otro convento, y semarchó secretamente sin despedirse.
¿Quién se lo dice a Maximina? sepreguntaron todas las colegialas. Al fin una, más
habladora y peorintencionada que las otras, se lo comunicó bruscamente: mi niña
recibióun fuerte golpe en el corazón; pero trató de reprimirse, porque le
dabavergüenza estallar en sollozos delante de sus compañeras: este esfuerzosobre sí
misma le costó caro, porque al poco rato se sintió mal y huboque desabrocharle a toda
prisa el vestido, para que no se ahogase.
Oyendo el relato de tales escenas infantiles se pasa el mentecato de tuhermano
sabrosamente el tiempo, y no tiene ganas de volver a Madrid.¿Querrás creer, querida
hermana, que encuentro más sabiduría en laspalabras de Maximina que en los cursos
de sistemas coloniales que nos daen su casa el conde de Ríos? Indudablemente, estoy
perdido. Razón tienemi tío Bernardo en decir que no seré en la vida nada de provecho.
Muchos recuerdos a mamá. Salud y Estado Mayor. Un abrazo que casi teasfixie de
tu hermano,
Miguel.»
Tres días después la contestación de Julia, que decía así:
«Mi más querido hermano: Si por mi gusto fuese, no te escribiría hoy,porque tengo
que darte una noticia desagradable; pero mamá lo manda...y... cartuchera en el cañón,
quepa o no quepa. La noticia es que nosvamos a Madrid en la semana próxima, hacía
el miércoles o jueves. Porconsiguiente, ya sabes que debes ponerte en camino cuanto
antes. Muchosiento arrancarte esa felicidad que dices sentir y en la cual no creo.Toda
la vida has sido un pillo de playa, y no te arriendo los tizonazosque has de llevar en el
otro mundo. Esa pobre chica será biendesgraciada si se fía de tus palabritas de miel;
no tardará en ir alpanteón de las víctimas, como Teresa, Paquita, etc., etc. ¡Me
avergüenzode ser hermana tuya, gran tuno!
Sabrás como tenemos noticia de que tío Manolo se casa con la viuda demarras. Ya
era tiempo. Lo mismo uno que otro necesitan ponersedentadura nueva, porque están
algo duritos. Ahí te envío una carta quepor la letra me parece de él: supongo que será
dándote parte de la boda.
El cuerpo de Estado Mayor me manda darte recuerdos. Mamá lo mismo. Yo nome
contento sino con un fuerte mordisco en una oreja: ya sabes que soyespecialista en ese
ramo. Avisa cuando sales.
Julia.»
Dentro de ésta venía otra carta de D. Manuel Rivera noticiándole supróximo
matrimonio. El antiguo seductor se manifestaba en ella contritoy con grandes deseos
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