Not a member?     Existing members login below:

Riverita

El marino sonreía con semblante compasivo, como diciendo: ¡Qué sería elmundo,
si los gustos fuesen iguales! Y en voz alta contestaba:
—No está mal, no; no está mal el sol...
Después de transigir de este modo con las flaquezas del prójimo,emprendía de
nuevo su paseo. Y para dar señales más claras aún de subenevolencia, se detenía de
nuevo, sonriente.
—Ahora por el verano da gusto viajar, ¿verdad? No hace frío ninguno...Luego se va
viendo toda la costa: la mar está como una seda... Cuando selevante el piloto, le
pediremos que toque la guitarra... ¡Ya verá V., yaverá qué bien la maneja!
Pero en medio de su discurso se detenía, mirando a la proa, fruncía lascejas, se
inclinaba sobre la barandilla, siempre con las manos en losbolsillos, y gritaba:
—¡Babor!
—Babor—contestaba el timonel desde abajo, como un eco.
Seguía el capitán un rato con las cejas fruncidas y mirando a la proa;al cabo volvía
a inclinarse y decía:
—A la vía.
—Vía—respondía el timonel.
Entonces se extendían de nuevo los resortes que tenían contraído surostro atezado,
y volvía a dibujarse en sus labios una sonrisa cándida yafable.
—Da gusto oírle tocar las sevillanas; ya verá usted.
Cuando la tarde declinó pasaron por delante de San Sebastián. Miguel seesforzaba
por ver la boca de la bahía de Pasajes, sin conseguirlo. Elcapitán se desesperaba
porque no aparecía la lancha del práctico. Al finse distinguió como un punto negro
allá entre las olas: se acercó alcostado del buque, trepó un hombre con boina
prontamente a la obramuerta, y en seguida al puente, y dijo con acento vizcaíno:
—Buenas tardes, D. Isidoro y la compañía.
Llegaron a la boca, que era estrechísima. El práctico, sin perder devista la proa del
vapor, hablaba alegremente de la romería que acababade dejar allá, sobre los altos del
pueblo. Entraron por una ría angosta,entre dos sierras elevadas, y no tardaron en
desembocar en la bahía,que, en realidad, no merecía tal nombre: era una especie de
lago, no muyextenso, rodeado por todas partes de altas montañas y cuya
comunicacióncon el mar pasaba inadvertida, a no fijarse mucho. La hora en
queentraron era la del crepúsculo. En la bahía, por efecto del abruptocordón que la
Remove