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Reseña Veridica de la Revolución Filipina

celebradouna junta en que se deliberó y discutió laposibilidad de que, después de vencer á
losEspañoles, los Filipinos tuvieran una guerra con losAmericanos por negarse á reconocer
nuestra Independencia,seguros de vencer por hallarnos cansados y pobres de
municionesgastadas en la guerra contra los Españoles;suplicándole dispensase mi franqueza.
El Almirante contestó, que se alegraba de mísinceridad; y creía que así, filipinos y
americanosdebíamos tratamos como aliados y amigos, exponiendo conclaridad todas las dudas
para la más fácilinteligencia entre ambas partes, añadiendo que, segúntenia manifestado,
Estados Unidos reconocería laIndependencia del pueblo filipino, garantida por la
honradapalabra de los Americanos, de mayor eficacia que los documentos quepueden quedar
incumplidos, cuando se quiere faltar áellos, como ocurrió con los pactos suscritos por
losEspañoles, aconsejándome formara enseguida labandera nacional filipina, ofreciendo en su
virtudreconocerla y protegerla ante las demás Naciones, queestaban representadas por las
diferentes escuadras que se hallabanen la bahía, si bien dijo, que debíamos conquistar elpoder de
los españoles, antes de hacer ondear dicha bandera,para que el acto fuera más honroso á la vista
de todoel mundo, y sobre todo, de los Estados Unidos, y para que cuandopasaran los buques
filipinos con su bandera nacional pordelante de las escuadras extranjeras infundieran respeto
yestimación.
De nuevo agradecí al Almirante sus buenos consejos ygenerosos ofrecimientos, haciéndole
presente que, sinecesario fuera el sacrificio de mi propia vida para honrar alAlmirante cerca de
Estados Unidos, pronto estaba dispuesto ásacrificarla.
Añadí que con tales condiciones podíaasegurar que todo el pueblo filipino se uniría á
larevolución para sacudir el yugo de España, no siendode extrañar que algunos pocos estuvieran
aún de suparte por falta de armas, ó por convenienciaspersonales.
Así concluyó esta primera conferencia con elAlmirante Dewey, á quien anuncié, queresidiría en
la Comandancia de Marina del Arsenal deCavile.
IV.
LA REVOLUCIÓN DE 1898
Volví al Mac-Cullock para ordenar la descarga delequipaje y efectos de guerra que traía,
habiendotenido ocasión de encontrar en aquellas aguas de Caviteá varios revolucionarios de
Bataan, á quienesentregué dos pliegos que contenían órdenes delevantamiento para la citada
provincia y la de Zambales.
Antes de fondear en el Arsenal, encontré tambiénvarias bancas llenas de revolucionarios de
Kawit, mi pueblo natal,los cuales me manifestaron que hacía dos semanas esperabanmi llegada,
anunciada por los mismos americanos. No pocaalegría sentí al ver á mis paisanos yparientes,
antiguos compañeros de la temerariacampaña del 96 al 97. Aproveché aquella primeraocasión,
 
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