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Reseña Veridica de la Revolución Filipina

A mis Ayudantes que tenían pases para entrar en Manilaarmados y de uniforme, se les molestaba
con repetidas detencionesen todos los cuerpos de guardia donde transitaban, viéndoseclaramente
la intención de provocarles con elridículo público.
¡Y mientras estas molestias se hacían con losnuestros, los jefes y oficiales americanos que
entraban en nuestrocampo eran atendidos y agazajados!
En la calle de Lacoste, un vigilante americano mató de untiro á un chiquillo de siete años, por
haberlequitado á un chino, un plátano.
Los registros en las casas menudeaban como en tiempo de losespañoles y las avanzadas de las
fuerzas americanasinvadían nuestras líneas, provocando ánuestros centinelas; en fin sería darle á
esteescrito una extensión desmedida si yo continuara relatandouno á uno los abusos y atropellos
cometidos por lasoldadesca americana en aquellas días de ansiedadgeneral.
Parecían mandados ó por lo menos oficialmentetolerados los abusos con intención evidente de
provocarnosá la lucha.—Los ánimos estaban muy excitados,pero el Gobierno Filipino, que había
asumido laresponsabilidad de los actos de su pueblo, con prudentesórdenes continuadamente
repetidas procuraba conservar lapaz, aconsejando á todos los atropellados, paciencia ycordura
hasta la llegada de la Comisión civil.
XVII.
ACTOS IMPOLÍTICOS
En tan apurada como crítica situación y antes deque llegara la ansiada Comisión civil americana,
se leocurre al General Otis, gobernador militar de las fuerzasamericanas, llevar á efecto dos
actos á cualmás impolíticos.—Uno, la orden de requisar lasoficinas de nuestro telégrafo en la
calle de Sagunto, enTondo, embargando los aparatos y deteniendo al oficial señorReyna en la
fuerza de Santiago, bajo el pretexto de que conspirabacontra los americanos.
¿Cómo y porqué conspiraba el Sr. Reyna?¿No hubiera bastado al Gobierno filipino haber dado la
ordende atacar, para que nuestros ocho mil hombres hubieran entrado enlucha inmediata con las
fuerzas de los Estados Unidos? ¿Sehabía de conspirar cuando se tenía el poder en lasmanos? ¿Y
sobre todo, un telegrafista se había demeter en cosas de guerra, cuando existía un ejércitoque
tenía aquel deber?
Se veía, pues, la intención de zaherir y deridiculizar directamente al Gobierno filipino para
provocar lalucha, siendo de notar que este acto, ya no era de la soldadesca,sino del mismo
General Otis, á cuya políticaimperialista no convenía la llegada de la Comisióncivil; y mucho
menos, que encontrara á Filipinas en estadode paz, porque era evidente para dicho General
como, para todo elmundo, que los filipinos se hubieran entendido y arregladoamistosamente con
la citada Comisión, si hubiera éstallegado y alcanzado el estado de paz.
 
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