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Reseña Veridica de la Revolución Filipina

Y los más, optaban porenviar una Comisión al General Otis para provocardeclaraciones francas
sobre la situación,formalizándose el tratado de amistad, si Estados Unidosreconocía nuestra
Independencia,—ó serompían en el acto las hostilidades, si se negaba áello.
En tan grave situación á todos aconsejabamoderación y prudencia, pues aun esperaba en la
justicia yrectitud del Congreso de los Estados Unidos que no aprobaríalas tendencias del partido
imperialista, y escucharía la vozdel almirante Dewey, que, como alto representante de
Américaen estas islas, concertó y pactó conmigo y el pueblofilipino, el reconocimiento de
nuestra Independencia.
No de otra manera, con efecto, se debe pensar en tan graveasunto; pues si América confió en el
almirante Dewey,el honor de sus armas en tan lejanas tierras, bien pudierontambién los filipinos
confiar en las honradas promesas detan cumplido caballero como bravo marino, seguros de que
el grandey noble pueblo americano no desautorizaría niexpondría al ridículo, al ilustre vencedor
de laescuadra española.
Del mismo modo induce a hacer este juicio la circunstancia nomenos evidente y notoria, de que
los demás jefes americanos,que vinieron después de las sonadas victorias del almirante,los
Generales Merrit Anderson y Otis proclamaron al pueblo filipinoque América no venia á
conquistar territorios sino á librar á sus habitantes de la opresión dela Soberanía española.
Sería, por tanto,exponer también el honor de estos jefes al ridículouniversal, si Estados Unidos
desautorizando su oficial ypública conducta se anexionara las islas por conquista.
XVI.
LA COMISIÓN AMERICANA
Con tan prudentes como bien fundadas reflexiones,conseguí calmar los ánimos de mis
compañerosrevolucionarios, á tiempo que vino la noticia oficial de queel Gobierno de
Washington, á moción del almiranteDewey había dispuesto la venida de una Comisióncivil, que
se entendería con los filipinos para llegará un arreglo en el Gobierno definitivo de las islas.
La alegría y la satisfacción volvieron árenacer en el ánimo de todos los revolucionarios
filipinos,y entonces dispuse el nombramiento de una Comisión querecibiera á los Comisionados
americanos, al propio tiempoque daba órden estricta á todos, para que guardarancon los
americanos la mejor armonía, tolerando y disimulandolos abusos y atropellos de la soldadesca;
pues no seria de buenelecto para la Comisión que se esperaba, el que nos hallasedesavenidos con
las fuerzas de su nación.
Pero los abusos de los americanos se hacían en muchoscasos intolerables: en el mercado de
Arroceros, á pretextode un juego, mataron á una muger y un niño,produciendo la indignación de
toda la multitud que llenabael lugar.
 
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