Not a member?     Existing members login below:

Reseña Veridica de la Revolución Filipina

Pero el General Merrit tenaz en su propósito,rogóme ya no por medio del almirante, si no por el
del MayorBell, retirase mis tropas de los arrabales, á fin deprevenir peligros y conflictos que son
siempre de temer en unadoble ocupación militar y evitar también en elloá las tropas americanas,
el ridículo; ofreciendo ensus tres escritos, negociar, después de realizados susdeseos, á lo que
accedí, pero no de pronto y de unasola vez, sino haciendo retirar gradualmente á nuestrastropas,
hasta llegar á los blokhaus, con objeto de que lodoslos habitantes de Manila fueran testigos de
nuestros hechosmilitares, y de tan consecuente conducta con nuestros aliadosamericanos.
Hasta entonces y hasta la fecha en que rompieron los americanosabiertamente las hostilidades
contra nosotros, habíaabrigado en mi sima las más fundadas esperanzas de que losjefes
americanos harían valer ante su Gobierno, los pactoscelebrados verbalmente con el jefe de la
Revoluciónfilipina; no obstante las señales en contrario que senotaban en su conducta, sobre
todo, en la del almirante Dewey que,sin motivo alguno, un día del mes de Octubre seincautó, de
todos nuestros buques y lanchas.
Enterado de tan extraño proceder, estando ya el GobiernoRevolucionario en Malolos, envió una
Comisión alGeneral Otis para tratar del asunto, quien remitió yrecomendó al almirante á
nuestros comisionados, loscuales no fueron recibidos por el almirante, no obstante
larecomendación del General Otis.
Apesar de este proceder de los jefes americanos, tan contrarioá todos los pactos y antecedentes
arriba referidos,seguí observando con ellos, la misma conducta amistosa,enviando una Comisión
que fué á despedirle alGeneral Merrit, cuando su marcha para París; acto que alagradecerlo dicho
General, tuvo la bondad de manifestar ánuestros comisionados, que defendería á los filipinosen
los Estados Unidos: así mismo envié al almiranteDewey un puñal con su vaina, todo de plata, y
unbastón de caña finísima con puño de orolabrado por el mejor platero filipino, recuerdos de
afecto yantigua amistad, que el almirante aceptó, consolando de estamanera y en cierto modo mi
alma afligida y la de todos losfilipinos que formaban el Gobierno Revolucionario, haciendo
denuevo renacer en el corazón de todos, lasalhagüeñas esperanzas de un arreglo con el
almiranteDewey.
XV.
ESPERANZAS FALLIDAS
Pero desvanecidas quedaron tales esperanzas, cuando serecibió la noticia de que Mr. Dewey
había obrado yobraba así contra el Gobierno Revolucionario porórden del Exemo. Mr. Mac-
Kinley, que sugestionado por elpartido imperialista, había decidido anexionar lasFilipinas,
cediendo tal vez á la ambición de explotarlas inmensas riquezas naturales que oculta nuestro
virgensuelo.
Esta noticia cayó como un rayo en el campo de larevolución.—Unos maldecían la hora y el dia
dehaber tratado verbalmente con los americanos; otros, censurabanhaber cedido los arrabales.—
 
Remove