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Plick y Plock

Entonces cayó un nuevo aluvión de maldiciones sobre el gitano, y todo elpueblo, en
un movimiento espontáneo, se dejó caer de rodillas para pedira Dios que hiciera
hundir aquella tartana, que parecía burlarse de lallorosa multitud desplegando sus
brillantes paveses de mil colores.
De pronto, el cielo pareció escuchar aquella demanda, ciertamente justa,porque dos
velas aparecieron a lo lejos; las dos cortaban el vientocorriendo la una cerca de la
otra, de modo que la embarcación del gitanodebía encontrarse encerrada entre las dos
o bien arrojarse a la costa;¡y cuál no fue la alegría pública cuando reconocieron a dos
escampavíasdel Gobierno que izaron el pabellón español, asegurándole con
uncañonazo!
Entonces la tartana cambió rápidamente sus amuras, viró en redondo conuna
preteza prodigiosa, pasó por entre las dos escampavías y fue a pararfuera del alcance
de sus perseguidores. Aunque la maniobra sabia yprestigiosa de la tartana hubiera
derrotado los planes de campaña y latáctica de los espectadores de Santa María, ellos
contaban siempre conla velocidad y el número de sus atacantes para ver a su
enemigoaprehendido y arrastrado a remolque. Pero la tartana, teniendo sobre lasdos
escampavías una ventaja de marcha positiva, desapareció bien prontodetrás de la
punta de la torre que avanzaba mucho sobre el mar; y no fuehasta después de un
cuarto de hora de navegación que los guardacostasque navegaban en las mismas
aguas, desaparecieron también a los ojos dela multitud, ocultos por el promontorio.
Y todo Santa María temblaba de impaciencia y de deseo por conocer elresultado del
combate que iba a librarse detrás de la montaña.
IV
L A S D O S T A R T A N A S
Zarpa
el
balandro
que
se
balancea
sobre
las
olas,
y
brilla
en
el
azul
de
los
mares
como
una
centella.
VÍCTOR HUGO, «Navarin».
—¡Adelante, mi fiel Iscar! ¡ya lo ves, el mar está azul y el oleajeviene a acariciar
dulcemente tu ancho pecho, blanqueado por la espuma!¡Adelante! ¡tú hundes en el
agua límpida tus narices que se abrentemblorosas! y tu larga crin se cubre de perlas
brillantes como gotas derocío. ¡Adelante! mueve aún tus corvas vigorosas que
hienden las olas.Valor, mi fiel Iscar, valor, porque ¡ay! los tiempos han
cambiado.¡Cuántas veces, sobre la fresca verdura del prado de Sevilla o deCórdoba,
tú alcanzabas y dejabas atrás las brillantes calesas quearrastraban a las hermosas
granadinas, morenas y rientes, con suredecilla de púrpura que volaba al viento y su
rica mantilla prendidacon broches tornasolados! ¡Cuántas veces tú has relinchado
 
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