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Plick y Plock

ancha espada de dos filos... ¡Jesús! ¡Cuántooro en su traje color de naranja! ¡estoy
deslumbrado! ¡oro por todaspartes!... oro hasta en sus medias y en sus zapatos... En
fin, ya estáen la arena...
—Mata al toro por mí, amor mío—le grita una andaluza de tez morena yde dientes
de esmalte—. ¡Por Cristo! ¡no sonrías así a tu amante!...¡Huye, José, huye, que el toro
se te echa encima!...
Pero él lo espera a pie firme, con la espada entre los dientes; leagarra uno de los
cuernos y salta ágilmente por encima de él. ¡Bravo, midigno matador, bravo! recoge
la flor de almendro que tu amada te haechado mientras juntaba las manos para
aplaudirte.
¡Pero he aquí que el toro se revuelve! ¡Virgen del Carmen! ¡mala señal!Se detiene,
ya no muge; sus piernas tendidas, los ojos sangrientos y lacola enroscada.
Encomienda tu alma a Dios, José, porque la barrera estálejos y el toro cerca...
Adelante, demonio... ¡adelante la afilada,espada!... ¡Demasiado tarde! la espada se ha
roto en pedazos, y José,atravesado por un cuerno del toro, ha quedado clavado en la
balaustrada.Ya decía yo bien. ¡Como hay Dios! ¡será una hermosa corrida!
Entonces fueron los aullidos de alegría, los gritos de admiraciónconvulsiva, gritos
que hubieran resucitado a un muerto.
—¡Bravo, toro! ¡bravo!—gritaron todas las voces de la multitud...¿Todas?... no, una
sola faltó, la de la joven de la flor de almendro.
Desde hacía mucho tiempo, no se había visto semejante fiesta; el toro,aún excitado
por su triunfo, daba saltos espantosos, se encarnizabacontra los restos sangrientos del
matador y del chulillo, y los jironesde aquellos desgraciados caían sobre los
espectadores. Se estaba, pues,en una cruel incertidumbre sobre la suerte de la corrida,
porque el finde Pepe Ortiz había singularmente enfriado el celo de sus colegas,cuando
un incidente extraño, inaudito, dejó a la multitud estupefacta ysilenciosa.
III
E L G I T A N O
¡Cómo
hacen
estremecer
sus
miradas
ardientes!...
¡qué
hermoso
es!
DELFINA GAY, «Magdeleine», cap. V.
Ya sabéis que el circo de Santa María está construido a orillas del mary que a él
sólo dan acceso dos puertas. ¡Pues, bien! De pronto se abrióla barrera que daba frente
al palco del gobernador y se presentó uncaballero.
 
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