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Plick y Plock

En el mismo instante, un niño pequeño se aproximó a la puerta y avanzósu linda
cabeza rubia, después la retiró, la volvió a avanzar como sihubiese buscado a alguien,
vio al desconocido y en dos saltos se plantóen sus rodillas.
Apenas le hubo hablado al oído, se levantó bruscamente, tomó su capa yarrojó un
escudo a Flores, diciendo con aire singular:
—Forzosamente, señores, ese gitano tiene que ser Satanás en persona,puesto que
está en tres lugares a la vez; porque yo os juro ¡porCristo!—añadió persignándose—,
que bordea desde hace dos horas a lavista de Sanlúcar.
Terminadas estas palabras, saltó ágilmente sobre su caballo, querelinchaba a la
puerta, puso al niño a la grupa, y desaparecióprontamente en un espeso torbellino de
polvo que el galope de su caballohizo levantar en medio de la calle.
Los parroquianos de Flores que se habían precipitado a la puerta paraseguir con la
vista a aquel personaje, hicieron, al volver a entrar enla tienda, las conjeturas más
raras sobre la triplicidadverdaderamente fenomenal del contrabandista gitano,
conjeturas queabandonaron sin agotarlas, como hubieran hecho en otra ocasión,
parahablar de la corrida de toros que debía celebrarse al día siguiente.
II
L A C O R R I D A D E T O R O S
Madrid,
cuando
tus
toros
brincan,
Hay
manos
blancas
que
aplauden
Y mantillas que se agitan.
A. DE MUSSET.
¡España! ¡España! ¡cuán puro y brillante es tu cielo! Santa María estábañada en
oleadas de luz; los mil balcones de sus blancas casascentellean y arden, y los naranjos
perfumados de la Alameda parecencubiertos de hojas de oro. A lo lejos, Cádiz,
envuelta en un vaporcálido y rojizo, que allá, sobre la arena resplandeciente de la
playa,las olas azules y transparentes iban a deshacer como un largo listón dediamantes
en espuma centelleante hecha de agua y de sol; después, en elpuerto, centenares de
faluchos, de balandros, cuyas flámulas sedespliegan levantadas por una ligera brisa
que circula silbando porentre las cuerdas. El fresco olor de las algas marinas, el canto
de losmarineros que despliegan las amplias velas grises aun húmedas por elrelente de
la noche, el toque de las campanas de las iglesias, elrelincho de los caballos que saltan
lanzándose hacia las verdes praderasque se extienden detrás de la ciudad... todo, en
fin, es música,perfume y luz.
 
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