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Plick y Plock

siguiente se levantó unahorrible tempestad, enormes montañas de agua parecían a
cada momentoquerer tragarse al buque que, capeando el temporal, huía ante el
tiempo.
En fin, después de una penosa travesía, El Gavilán recaló en Nantes,donde reparó
sus averías, y después, de acuerdo con los deseos deKernok, se hizo de nuevo a la mar
para fondear una vez más en la bahíade Pempoul.
Allí se formó una comisión para verificar la legalidad de la presa.Entonces Kernok
juró, con todos sus juramentos, que en lo sucesivo iríaa desembarcar a Santo Tomás,
¡porque aquellos cormoranes deadministradores habían pescado en sus aguas! Estas
fueron sus propiasexpresiones.
XIII
L O S D O S A M I G O S
¿Un
alma
tan
rara
y
ejemplar
no
costaría
más
de
matar
que
un
alma
popular
o
inútil?
MONTAIGNE, lib. II, c. XIII.
Es una excelente posada la del Áncora de Oro, en Plonezoch. Cerca dela puerta se
elevan dos hermosas encinas, verdes y frondosas, que dansombra a las mesas, siempre
atractivas, de tan lustrosas que están; ycomo el Áncora de Oro está situada en la plaza
mayor, no se encuentraun golpe de vista más animado, sobre todo a la hora del
mercado, durantelas hermosas mañanas de julio.
Por eso dos honrados compañeros, dos apreciadores de aquella hermosalocalidad,
habían echado raíces ante una de aquellas mesas tan lustrosasy tan limpias; hablaban
de esto y de lo de más allá, y la conversacióndebía ser ya larga, porque buen número
de botellas vacías formaban unimponente y diáfano reducto alrededor de los
interlocutores.
El uno podía tener sesenta años, feo, moreno, grueso, con largas yblancas patillas
que hacían un raro contraste con su tez bronceada.Llevaba un holgado frac azul
grotescamente cortado, un ancho pantalón detela y un chaleco escarlata con botones
de áncoras, y al que lefaltaban por lo menos seis pulgadas para llegar a la
cintura;finalmente, un inmenso cuello de camisa rígido y almidonado se
levantabaamenazador por encima de las orejas de este personaje. Además,
anchashebillas de plata brillaban en sus zapatos, y un sombrero
charolado,impertinentemente ladeado, acababan de darle un aire coquetón y
calaveraque contrastaba singularmente con su edad avanzada. Por lo demás, seveía
que iba vestido de etiqueta y que le incomodaban sus adornos.
 
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