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Plick y Plock

—Preferiría eso a ser colgado por los ingleses.
XII
S I G U E E L C O M B A T E
¡Silencio!
todo
ha
terminado,
todo
se
lo
ha
tragado
el
abismo.
La
espuma
de
los
altos
mástiles
ha
cubierto
la
cima.
VÍCTOR HUGO, «Navarin».
—¡Y bien! ¡o vienen balas, o somos hundidos como perros!—gritó Kernokal
maestro Durand tan pronto como le vio aparecer sobre el puente.
—¡No queda ni una!—dijo el doctor rechinando los dientes.
—¡Que mil millones de rayos se lleven al brick! ¡y no tener nada, nada,para recibir
a los ingleses que van a abordarnos! ¡Mira! ¡voto a tal!¡mira!...
Y diciendo esto, Kernok empujó a Durand contra el empalletado, que caíaa
pedazos. En efecto, aunque la corbeta estuviese horriblementeaveriada, se adelantaba
viento en popa sobre el brick con un jirón devela de su mesana, mientras que El
Gavilán, que había perdido todassus velas, no podía evitar el abordaje que el inglés
quería intentar, yque había de serle ventajoso porque eran más.
—¡Ni una bala! ¡ni una bala! ¡San Nicolás! ¡Santa Bárbara, y todos lossantos del
calendario, si no venís en mi auxilio—gritó Kernok en unestado de espantosa
exasperación—, juro hacer añicos vuestrashornacinas del mismo modo que rompo
este compás! ¡Y que un rayo mepulverice si queda piedra sobre piedra de una sola de
vuestras capillasen toda la costa de Pempoul!
Y el pirata, echando espumarajos por la boca, había arrojado contra elsuelo una
brújula.
Parece que los santos que Kernok implorara tan brutalmente, quisieronportarse
como corresponde a gente canonizada. Los hombres hubierancastigado al temerario;
los semidioses acudieron en su auxilio,demostrando así que su creencia etérea era
superior a nuestrasinteligencias estrechas y rencorosas.
Así, apenas Kernok había terminado su singular y horrible invocación,que, herido
por una idea súbita, por una idea de las alturas, quizás,exclamó rugiendo de alegría:
—¡Las piastras!... ¡voto a tal! muchachos, ¡las piastras!... carguemosnuestras piezas
hasta la boca: esa metralla vale tanto como la otra. Elinglés quiere moneda; la tendrá,
y bien caliente, tanto que, saliendo denuestros cañones, parecerán más bien lingotes
de bronce que buenosescudos de España... ¡Subid las piastras!... ¡las piastras!
 
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