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Plick y Plock

promete, muchachos, esto promete; pero es cuandoEl Gavilán le arañe sus costados
con los garfios de abordaje, cuandoreirá el inglés.
—¡Hurra, hurra!—gritó la tripulación.
La corbeta no respondió al disparo de Kernok, reparó prontamente susaverías, y se
dejó ir sobre el corsario.
... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ... ...
...
Entonces estaba tan cerca, que se oían las voces de mando de losoficiales ingleses.
—Muchachos, a vuestras piezas—dijo Kernok precipitándose hacia unbanco con la
bocina en la mano—; a vuestras piezas, y ¡voto a tal! nohagáis fuego sin que os lo
manden.
XI
E L C O M B A T E
¡El
abordaje!...
¡El
abordaje!...
Unos
se
suspenden
de
las
jarcias,
otros
se
lanzan
hacia
los
obenques.
VÍCTOR HUGO, «Navarin».
—¡Maestro Durand, balas!—¡Maestro Durand, acaba de declararse una víade
agua!—¡Maestro Durand, mi cabeza, mi brazo, mire cómo sangra!
Y el nombre del maestro Durand, el artillero-cirujano-calafate de abordo, resonaba
desde el puente a la cala, dominando el ruido y eltumulto inseparables de un combate
tan encarnizado como el que selibraba entre la corbeta y el brick; y, en efecto, a cada
andanada queenviaba, El Gavilán temblaba y crujía en su armazón, como si
hubieseestado a punto de abrirse.
—¡Maestro Durand, balas!—¡La vía de agua!—¡Mi pierna!—repetían
vocesconfusas.
—Pero ¡con mil diablos! un instante; no puedo hacerlo todo; llevarbalas arriba,
reparar abajo una avería, curar vuestras heridas... Espreciso empezar por lo primero, y
después se ocuparán de vosotros,montón de vocingleros; porque, ¿para qué sois
buenos ahora? sois taninútiles como una verga sin velas y sin relingas.
—¡Maestro, balas! ¡pronto, balas!
 
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